4. De las palabras a
la acción
Victor Corcova Herrero
Frecuentemente se oye hablar de buenas intenciones con
bellas palabras. Ahora hay que cultivarlas, llevarlas cada cual consigo en
beneficio de los demás.
En
la fiesta de habla hispana celebrada en
Rosario se han puesto sobre la mesa palabras como mestizaje, diversidad y
unidad de acción. De igual modo, en la cumbre de San José de Costa Rica,
se han refrendado compromisos de avanzar desde el consenso hacia proyectos
comunes. En la misma línea, líderes del Foro de Cooperación Económica de
Asia-Pacífico (APEC), centran sus debates en el comercio, la corrupción y
el terrorismo. Ahora todas esas buenas intenciones hay que cultivarlas,
llevarlas cada cual consigo en beneficio de los demás.
Dicho lo anterior, sólo cabe pasar de las voces a la
acción. Esto no es fácil en un mundo cerrado y encerrado por el egoísmo,
que vive ensimismado para sí mismo, con el único deseo de la propia
complacencia y euforia del bienestar. ¿Cuántos y qué sociedad vive para
saciar a los pobres entre los pobres? Para empezar, el común de los
proyectos debiera estar centrado en el ser humano, nazca donde nazca y
viva donde le plazca. Con la mano en el corazón, díganme: ¿en cuántos
países ocupa el centro de toda investigación científica y de todo empeño
cultural, la persona como tal, en su estricto cumplimiento de los derechos
humanos? ¿Por qué está deshumanizada la humanidad?
De nada sirve tener normas impresas, si luego vivimos
como anormales en rediles jerárquicos, poseer los más trabajados
documentos gestados en cónclaves si después se quedan en papel mojado,
reunirse y expresar ideas que tan solo serán un sueño más en la biblioteca
del tiempo. Ciertamente, la ciencia y la cultura, es la mayor riqueza que
una nación puede generar para la vida, que es para lo que hay que educar
sobre todo, pero resulta que tenemos una educación que potencia sólo lo
intelectual o las habilidades profesionales, revanchista cien por cien,
manejada por la voz de su amo, censurada de toda dimensión moral, cuestión
más que necesaria para que la inserción y apertura a la diversidad deje de
ser un amor imposible.
Hay muchas vidas enfrentadas en la vida. Se cuidan más
las formas que los fondos. Vivimos en un mundo de apariencias, donde los
valores quedan al margen. Me parece necesario volver a descubrir, lo que
hemos sido y lo que hoy somos. Hablar menos y hacer más. Cuando se convive
con el amor ausente, todo se autodestruye. Al final resulta que el
principal libro, el de la subsistencia del orbe, nadie lo toma como libro
de alma para la vida. Así no hay manera de combatir el vacío de sentido
que domina el mundo, más en desvelo por trepar peldaños de poder y atrapar
talego, que por unir lazos.
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