2. José Sánchez Faba
recibió la Orden Pontificia de San Gregorio Magno
Víctor Corcova Herrero
El tesón de vivir y desvivirse por los últimos es lo
más del amor de amar amor. Y en esto, José Sánchez Faba, es un corazón de
la Iglesia.
Hay personas a las que uno desea
parecerse. Es el caso de José Sánchez Faba,
persona cultivadísima, que transmite una gran fuerza espiritual y a la vez
una gran bondad. Hace unos días recibió en la sede madrileña de los
Servicios Generales de Cáritas Españolas, de manos de Mons. Paul
Josef Cordes, presidente del
Pontificio Consejo “Cor Unum”, su nombramiento como caballero de la Orden
Ecuestre de San Gregorio Magno, máxima distinción que concede la Santa
Sede.
La solidaridad la lleva consigo el galardonado, con una
vida tras de sí de incondicional entrega a los más desprotegidos, como
voluntario servidor de incansable trayectoria en Cáritas, de la que ha
sido presidente entre 1997 y 2003, y con la que mantiene todavía, a sus 81
años, una laboriosa vinculación a través de la Comisión de Comunicación de
su Consejo General y de Cáritas Granada, al igual que en otras célebres
instituciones eclesiales, como es el Pontificio Consejo “Cor Unum”, del
que forma parte activa.
RECONOCIMIENTO A SU IMPECABLE Y PERSEVERANTE
HOJA DE SERVICIOS A LA IGLESIA
Este reconocimiento pontificio al
Magistrado José Sánchez Faba
viene a culminar su impecable y
perseverante hoja de servicios a la Iglesia, especialmente a la promoción
y coordinación de la adhesión de la comunidad cristiana en la ayuda a la
realización humana y al desarrollo integral de la dignidad de todas las
personas que se encuentran en situación de precariedad. Bajo esa estela
gozosa de donarse y darse a los demás, quiso que fuese un acto sencillo y
en la propia sede central de la entidad de acción caritativa y social de
la Iglesia católica en España. Así lo participó: “La razón es
evidente: mis posibles méritos, si los tengo, están ligados a mi labor
como dirigente de Cáritas Española y Cáritas Española es una institución
formada por setenta mil hombres y mujeres, entre prelados, sacerdotes,
dirigentes seglares, personal voluntario y contratado, y todos y cada uno
de ellos, es acreedor a una cuota proindiviso de la distinción que hoy se
concreta en mi persona”.
Las
palabras pronunciadas desde el corazón y la vida vivida por José
Sánchez Faba, en el acto de entrega
del diploma e insignias de la Orden de San Gregorio Magno, fueron un canto
a la generosidad y al amor en acción como ramas fértiles de la vid. Sobre
la dimensión evangelizadora de Cáritas, dijo: “Nuestra
acción no es un mero humanismo, ni un programa de acción social, sino una
proyección del amor vivificante de Cristo. Cáritas evangeliza ciertamente
con el testimonio, el compromiso y la acción: mostrando que Cristo vive,
con nuestras vidas”.
Hablando lo menos
posible de sí mismo, y sí de los demás, aportó diversos testimonios
vividos de esa identificación de los agentes de Cáritas Española con los
necesitados. Entre ellos, el de 1999, cuando Cáritas Española fue
distinguida con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.
“Semanas después supe por un testigo presencial que un acogido en un
Centro de Cáritas dedicado a los Sin Techo, uno de los marginados que la
sociedad rechaza y desprecia, al enterarse en la calle de la concesión,
había regresado al Centro, exultante de alegría, gritando: “¡Nos han dado
el Premio Príncipe de Asturias!”. “Nos han dado”: un “nos” en el que se
refleja mejor que en un discurso retórico la identidad profunda entre los
que se entregan al servicio de sus hermanos necesitados y los que nos
permiten servir en ellos al propio Cristo”.
UN CORAZÓN DE LA IGLESIA
Entre
emociones y recuerdos, José Sánchez Faba,
agradeció una vez más la distinción
recibida en la hora undécima de su vida, evocando sus años jóvenes de
Magistrado, de cristiano escasamente practicante, de los que podemos
llamar de “cumplimiento”,
esto es, de “cumplo”
y “miento”,
se encontró con Cristo en un Cursillo de Cristiandad. Después de cincuenta
años, expresó lo que sigue: “He intentado cumplir ese
programa de vida, tropezando a veces, cayendo otras, porque soy siervo
inútil y pobre pecador; pero siguiendo siempre la doble ruta que señalaba
mi brújula espiritual, la Cruz en sus dos trazos: el vertical del amor a
Dios y el horizontal del amor a los hermanos”.
San Pablo no quería decir otra cosa
cuando afirmaba: Todo lo puedo en Aquel que me da fuerzas. El tesón de
vivir y desvivirse por los últimos es lo más del amor de amar amor. Y en
esto, José Sánchez Faba,
es un corazón de la Iglesia.
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