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4. ¡No tengáis miedo! (1)

Alejo Fernández Pérez

En los últimos años en España -y en todo el mundo occidental- atacar a la Iglesia católica se ha convertido en un deporte nacional. Ratzinguer habla de un movimiento destructivo que recorre Europa.

Sin embargo, estos movimientos son normales en la Historia de la Iglesia. El mismo Cristo, desde su nacimiento, fue perseguido, calumniado e injuriado a lo largo de toda su vida pública. Al final le traicionan y asesinan crucificándole entre ladrones. ¿Qué menos puede esperar su Iglesia? Pero Cristo resucitó, está vivo y su Iglesia lleva dos mil años venciendo a peores tormentas.

Especialmente en América -también en Europa- los católicos se ven sañudamente atacados por las más de las cuatro mil sectas que como un cáncer se extiende por aquellos territorios, además de las numerosas ramas protestantes y otras religiones. Con ellas colaboran organizaciones como la Nueva Era, el Nuevo Orden Mundial , La Nueva Acrópolis, la masonería y otras más o menos secretas. Poco a poco El Caribe se ha convertido en una “meca del esoterismo y el ocultismo”. La ONU, la UNESCO, el BID, el Banco Mundial, ciertas sociedades secretas así como otras organizaciones transnacionales y locales [la Secretaría de Estado de Cultura], participan activamente en la promoción y difusión de estas peligrosas ideología que las gentes terminan considerándolas normales: el aborto, matrimonio entre homosexuales, enseñanza sin Dios, trivialización del sexo, promoción del divorcio… todo encaminado a la destrucción de la sociedad.

Ante estos ataques los católicos empiezan a reaccionar, poniendo de manifiesto sus errores y contradicciones, estudiando y buscando dónde están sus puntos débiles, y gastando en ello una cantidad desproporcionada de tiempo precioso. Personalmente, creo que esta tarea debe ser secundaria, aunque haya que seguir haciéndola. Lo esencial , lo primero es presentar a los no creyentes la incomparable doctrina católica en toda su pureza, acompañándola de una vida coherente. Si los católicos nos decidiésemos vivir como católicos, el mundo se transformaría en muy poco tiempo.

Toda postura “anti” o “contra” pierde automáticamente la iniciativa y pasa a depender de aquello “contra” lo que va, ayudando de paso a resaltarlo. El catolicismo tiene que combatir el error y defender su doctrina pero más que estar contra esto o aquello tiene que afirmarse en si mismo, tiene que saber presentar a los alejados el Evangelio. Pero ¿Cómo?:

Católico es el que conoce su doctrina, la practica y no la niega. No se puede considerar católico a quien no lo es. Puede llamarse como quiera, pero no católico. La obediencia al Papa y a los Obispos es condición imprescindible, igual como se obedece al capitán en la mili, al profesor en la escuela o al jefe en el trabajo. Si para trabajar en cualquier profesión tenemos que prepararnos durante varios años, salvar nuestra alma no necesita menos dedicación y esfuerzos.

Un vendedor, por ejemplo, de frutas no tendrá necesidad de pregonar su mercancía atacando a la competencia si sus melocotones y manzanas son de primera calidad, las mejores, y están expuestas donde los compradores la puedan ver y sentir. Al vendedor se le exige buen trato al cliente, corrección, y un punto de buen humor. Entonces, los compradores pasarán ante los demás puestos sin pararse y van… a por lo mejor.

 
 

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