7. La anunciación de fray
Angélico
En tiempos de fray Angélico los pintores religiosos
eran los auténticos protagonista de lo audiovisual moderno. Si ellos
utilizaban aquel “truco” para predicar, ¿por qué no hoy el truco de la
pantalla? Si el predicador lo hacía desde el púlpito, ¿por qué no hoy el
púlpito de los modernos medios?
Entre las Anunciaciones, para mí las de fray Angélico.
Digo “las” porque el tema de la “anunciación”, del anuncio del Ángel
Gabriel a la Virgen sobre su estado, fue una constante en la inspiración
del famoso pintor dominico. Y entre las Anunciaciones, una: la que se
encuentra en el museo de El Prado, en Madrid.
Fray Angélico, italiano, fue un fraile que hizo de la
pintura una meditación, o que hizo de la meditación el reflejo de su
pintura. De ahí que el pincel del famoso pintor dominico se convirtiera en
el instrumento para materializar no solamente el misterio sino su éxtasis
ante el misterio. Porque no veo en esta Anunciación otra cosa que no sea
éxtasis.
Los colores son de éxtasis: azul puro, amarillo oro
puro, verde de un paraíso terrenal puro, de ese paraíso terrenal donde
Adán y Eva transitan, ya avergonzados, ya carentes de la alegría original,
luego de la mala pasada de la metáfora de la manzana.
¿Qué tiene que ver el jardín del paraíso en este cuadro
de la anunciación? Teológicamente, todo. Porque no se hubiese dado el
milagro de la redención sin el quebrantamiento del orden originalmente
establecido. Por eso me gusta esta Anunciación de fray Angélico: por su
rotundo contenido teológico, por la causa y por el efecto, además, claro
está, de por la plasticidad. A un pintor dominico no se le podía pedir
otra cosa. Quiero decir que todo pintor dominico, por vocación, debe ser
predicador, y esta predicación de fray Angélico es perfecta en contenido y
en forma.
Se me antoja pensar que está a tono no solamente con su
tiempo sino, y sobre todo, con el tiempo. ¿Es exagerado afirmar que en
aquella época los pintores religiosos eran los auténticos protagonista de
lo audiovisual moderno? ¿Qué diferencia hay entre un lienzo y una pantalla
de televisión, de cine o de un ordenador? Si ellos utilizaban aquel
“truco” para predicar, ¿por qué no hoy el truco de la pantalla? Si el
predicador lo hacía desde el púlpito, ¿por qué no hoy el púlpito de los
modernos medios?
Ahora que tanto hablamos de la educación religiosa y
otros asuntos pues a hacerlo como Dios manda, a utilizar lo que tenemos, a
no querer depender de quien no se debe depender, a ser libres en la
predicación sin estar atados a economías y otras presiones porque, una
predicación subvencionada está al borde de la tentación de claudicar.
Cada época, es verdad, tiene sus mecenas; lo que
necesitamos es conseguir el mecenas apropiado para la época apropiada.
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