2. Vida de película
Miguel Rivilla San Martín
Antonia ha vivido llevado una vida de tragedia. No
quiere saber nada de Dios. Invito a que la encomienden al Señor.
Se dice y es cierto, que la realidad
supera la ficción. No es necesario ir al cine ni leer novelas o folletones
lacrimógenos, para apreciar el dolor y la tragedia que acompaña a ciertas
personas, ya desde su más tierna infancia.
Tal es el caso de una joven de 24 años,
Antonia, con la que me encontré hace poco. Su padre alcohólico crónico,
tanto a su madre como a ella y a sus dos hermanos les hizo la vida
imposible con sus malos tratos. Siendo aún una niña adolescente tuvo que
abandonar el hogar para ganarse la vida. A los 18 años fue violada y
contagiada del sida. La niña que tuvo, al no poderla criar pasó a la
Asistencia Social y entregada a una familia para que la educara.
Se vió sola, sin recursos de ningún tipo
y con la única meta e ilusión de poder recuperar a su niña de 5 años.
Vive, ahora, en Orcasitas, con su hermana casada con un moro y convertida
al Islam. Ayuda lo que puede a sus sobrinos y trabaja por horas con
contratos precarios. Se ha casado civilmente. De esta unión tuvo un aborto
y luego un niño que murió a los tres meses. Antonia además del sida tiene
una seria depresión que la tiene hundida. Trabaja en varios sitios por
ganar unos pocos euros y poder pagar un abogado para que le apoye a
recuperar a su hija.
Antonia, a pesar de estar bautizada,
haber hecho la primera comunión y la confirmación en la Iglesia católica,
me confiesa haber perdido la fe y no quiere saber nada de Dios a quien
culpa de su situación. Le he prometido mi ayuda espiritual, mi oración y
recuerdo en la santa misa. Invito a los católicos que lean esta carta que
la encomienden al Señor para que le eche una mano y recupere pronto a su
hija, la salud y la fe. Merece la pena. |