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3. Inmigración signo de los tiempos

Miguel Rivilla San Martín

La inmigración es una invitación única y formidable a los cristianos para evangelizar. ¿Estamos capacitados?

Dios suele hablar a la humanidad por signos o señales, que el hombre, único ser inteligente, debe saber interpretar para conocer el querer divino .El devenir de acontecimientos gratos o ingratos, que suceden en el tiempo y en la historia, han de poner al hombre, en reflexiva actitud de conocer lo que Dios demanda.

Ya Jesús en el Evangelio interpeló a sus oyentes porque estaban ciegos y sordos al no saber interpretar lo que Dios les comunicaba por los varios acontecimientos de la vida.

Hoy en día podríamos reflexionar -al menos los creyentes- qué nos querrá decir Dios con el fenómeno creciente e imparable de la inmigración del tercer mundo al primero.

No es aventurado pensar que la inmigración es una invitación única y formidable a los cristianos para evangelizar a los miles de inmigrantes que arriban a Europa. Sin exagerar podemos afirmar que tenemos en casa la verdadera misión, sin necesidad de desplazamientos grandes y costosos. La evangelización en casa habría de ser una realidad.

Cabe sólo unas preguntas. Evangelizar, de acuerdo; pero, ¿quiénes a quiénes? ¿Estamos los europeos y con ellos los españoles, en condiciones de ser auténticos testigos del Evangelio? De hecho al contacto con los inmigrantes, ¿les aportamos, además de bienestar material y un modo distinto de vida, valores trascendentes y testimonios altruistas de una fe madura y comprometida?. Preguntas difíciles de contestar con honradez y sinceridad.

 

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