4. Carácter luchador
Mikel Agirregabiria Agirre
Apasionado, una personalidad superlativa propia de
emotivos, activos y secundarios.
Estimado lector o lectora: Déjeme darle
dos noticias, una buena y otra mala. La mala nos la dio Schopenhauer y
señala que "La personalidad de cada persona determina por anticipado la
medida de su posible fortuna". La buena noticia, avalada por toda la
psicología moderna, nos asegura que la personalidad de cada uno se puede
transformar mediante la práctica. William James nos indicó el camino:
"Siembra una acción y recogerás un hábito; siembra un hábito y recogerás
un carácter; siembra un carácter y recogerás un destino".
Las tipificaciones de la personalidad
humana han sido descritas desde Hipócrates, el padre de la medicina
contemporáneo de Sócrates, siguiendo la concepción de Empédocles con los
cuatro elementos básicos: aire, tierra, agua y fuego. Lo cierto es que,
pese a su antigüedad de 24 siglos, muestra una gran similitud con la
tipología moderna más empleada, desarrollada inicialmente por Heymans y
Wiersma. Esta clasificación se fundamenta en que las conductas estarían
determinadas por tres factores: Emotividad, Actividad y Resonancia.
La emotividad mide la repercusión anímica
de cada persona ante los acontecimientos. Emotivo es quien reacciona de un
modo intenso y, ocasionalmente desproporcionado, ante las situaciones, por
lo que su entusiasmo desbordante y profundo, puede provocar un humor
mudable o incoherente ("el corazón tiene razones que la razón no
entiende"), pero también es cordial, servicial, generoso, jovial y
expansivo. El no-emotivo es, por el contrario, frío, introvertido,
silencioso, de pocas palabras, pero más dueño de sí y prudente.
La actividad regula la inclinación del
sujeto a responder a un estímulo mediante el trabajo o la acción. Las
personas activas son propensas por naturaleza a la actividad, sobre todo
cuando ésta presenta dificultades, por lo que si bien pueden ser
testarudas, individualistas e imprudentes, al mismo tiempo son más
constantes, emprendedoras, hábiles y alegres. Los no-activos son más
calmados y conciliadores, pero fáciles al desaliento, temerosos de lo
difícil y propensos a relegar o delegar sus propias obligaciones.
La resonancia valora la duración del
efecto que un acontecimiento provoca en cada persona. En los primarios,
con poca resonancia, las impresiones tienen un efecto directo e inmediato,
pero pasan rápidamente y viven más del presente siendo volubles,
impulsivos, de reacciones breves y superficiales, lo que determina que
sean poco rencorosos. Secundario es el individuo con mayor resonancia, con
impresiones duraderas y prolongadas, que vive más del pasado, pudiendo ser
resentido y obstinado en sus ideas, pero simultáneamente más constante,
metódico y coherente.
La combinación de estas tres variables da
lugar a ocho biotipos: apasionado (E-A-S), colérico (E-A-P), sentimental
(E-nA-S), nervioso (E-nA-P), flemático (nE-A-S), sanguíneo (nE-A-P),
apático (nE-nA-S) y amorfo (nE-nA-P). Pero hemos de distinguir entre
temperamento y carácter. El temperamento o la idiosincrasia es el conjunto
de tendencias y dotes que nos da la naturaleza al nacer, siendo el
carácter o la personalidad el sistema de cualidades que desarrollamos
sobre la base del temperamento original y con las vivencias del proceso
educativo y existencial. Jung indicó que "La personalidad es la
realización suprema de la idiosincrasia de una persona. Es un acto de
elevado coraje arrojado a la cara de la vida".
Un buen consejo dice: Conócete, acéptate y
supérate. Por ello, quizá el primer paso sea reconocer el temperamento
propio, y luego preferir el apasionamiento como carácter elegido, porque
otorga una ventaja tangible a quienes optan por desplegar su emotividad,
su actividad y su resonancia. Nervo señaló que "la pasión es una fuerza
cósmica, como la gravitación" y Balzac juzgó que "la pasión y sus
manifestaciones son la base de la humanidad". Dos sentencias finales de
dos enérgicos entusiastas. De Miguel Unamuno "sólo los apasionados llevan
a cabo obras verdaderamente duraderas y fecundas" y de José Martí "los
apasionados son los primogénitos del mundo".
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