7. Apropiaciones indebidas
Víctor Corcoba Herrero
La ratería mundana se mundializa en forma de
corrupción, soborno, extorsión, malversación, evasión... Faltan
honestidades y sobran impudicias. Un mundo sin estabilidad y protección a
la vida, que cualquiera te la pueda apropiar y expropiar, carece de
futuro.
La cosecha de ratas y ratoneros alarma a
cualquiera que tenga corazón. Tanto es así, que el mundo es una ratonera
donde nadie está a salvo. Y, claro, a río revuelto ganancia de pescadores.
Los pericotes se adueñan hasta del asfalto que ya es decir. Los ratones
coloraos, portadores de dientes de oro y collares de perlas, con ratitas
que le siguen la gracia, sueñan con apropiarse de la tierra, del mar y del
aire. Los más saltarines sacan pecho, y con navaja en ristre, te desnudan
el bolsillo en un santiamén. Si te pones a su altura te dejan tirado en la
cuneta y que corra la sangre. Aquí nadie es responsable de nada. Ellos son
la ley, la de la fuerza e intimidación. Los de ciencia, que también hay
ratones titulados superiores, al menor descuido te clonan como producto de
desecho. Da pánico este mundo enviciado de roedores con mala leche.
Los sanguinarios ratones, y aquí entran
todos los tipos, tipejos y topos, amedrentan. Propinan tortas a la tarta y
empinan roscas al cuello, ansiosos de acomodarse. Para ello, se apropian
de lo verdadero y de lo justo. Devuelven calderilla a raudales, falsa
moneda, rosario de mentiras e injusticias, para que los marginales se
maten por ellos, en nombre del endiosado odio. Se ha perdido todo el
respeto al ser humano. La legión de manipuladores, tan ratas y arrogantes
como los primeros, se afanan en sembrar contrariedades, justificando lo
injustificable, bajo bautizo de falso progreso y confirmación de valor
absoluto, cuando el regreso a la selva, del tanto tienes tanto puedes, es
una realidad constante y sonante.
Primo hermano de la apropiación indebida
es la expropiación abusiva. En esto somos punteros los de la piel de toro.
Los navajeros del dinero fácil lo urbanizan todo, reorganizan campos para
que los poetas no se pierdan entre versos, y levantan edificios antes que
árboles. Otra especie a extinguir por la mano del hombre, las arboledas.
Presiento que mis herederos van a tenerlo difícil, el disfrute de siesta
en pleno bosque. Los humos del ser humano tronchan existencias. La vida
vegetal, tan unida a la nuestra, tampoco iba a ser menos. Nada vale. A los
mandamases, especie aficionada a la chupa teta, les importa un pimiento
las contaminaciones ambientales, los perjuicios al entorno y la salud de
sus ciudadanos. Para tenernos distraídos, mientras disfrutan de las
vacaciones como señoritos privilegiados, lanzan algún globo de feria, como
ahora el de bajar el límite de velocidad para reducir la contaminación.
Pamplinas y aspavientos que diría don Quijote, tan citado por el moderno
ZP y su corte de parabienes.
Lo malo de esta ratería mundana es que se
mundializa en forma de corrupción, soborno, extorsión, malversación,
evasión.... Nadie controla nada y las ratas campean a sus anchas como gato
panza arriba. Faltan honestidades y sobran impudicias. Lo cruel de todas
estas ratoneras es el festín de ambiciones y el humillante flagelo hacia
los indefensos. Un mundo sin estabilidad y protección a la vida, que
cualquiera te la pueda apropiar y expropiar, creciente en desigualdades y
sin equidad social, carece de futuro por más que se nos llene la boca de
futurología. Se precisan acciones y opciones que nos den esperanza, hacia
ese punto de equilibrio, tan necesario para convivir y vivir. De lo
contrario, la vida vivida toca techo. Lo declaro con angustia de alma.
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