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4. Dios es quien llama

Walter Turnbull

Nadie puede llegar a Dios si Dios no lo llama. Nuestro testimonio es una semilla que a Dios corresponde usar como quiera.

Me encontraba a bordo de un taxi, platicando amenamente con el conductor, cuando salió a la plática el periódico “El Observador”.

-¡Uy -exclamó mi interlocutor- ahí está la pura lana! (Caramba, he vivido engañado).

Y de ahí se siguió:

-No, joven (gracias, Sr. taxista), si no crea, yo me he podido dar cuenta de muchas cosas... Yo he leído la Biblia. No sé por qué insisten en que son diferentes; yo las encuentro todas iguales. Todas dicen lo mismo. Y todas las religiones también: todos son una bola de hipócritas. Yo conozco muchos padrecitos que tienen hartos hijos y que se dan la gran vida. Son peores que nosotros. Una vez entré a ese edificio a pedir algo, y me recibió un curita (uno que creo que ora es obispo) sentado en una silla que parecía trono. Pa’cabar aprisa me mandó a la... y yo también la mandé a la... a él. Yo por eso no me fío de nadie; yo me arreglo directamente con Dios yo solito; no necesito ayuda de nadie. En todo caso lo encuentro todo en la Biblia...

Ya sabe usted: las mismas... de siempre. Y lo peor es que hasta ese momento el taxista me había caído muy bien.

Titubeantemente le traté de aconsejar que no se alejara de Cristo aunque sus discípulos fueran todos hipócritas, que el que lo puede salvar es Cristo, que la doctrina cristiana es buena aunque sus ministros sean malos, etc... Temo que no lo impresioné ni tantito. El señor está muy seguro de que va por buen camino y su relación con Dios también.

Desde ese día estoy pensando si puede haber sido más convincente:

Muchos queriendo arreglarse solos con Dios han hecho una bola de estupideces...

Espere a que pase el juicio final y entonces me cuenta cómo le fue...

Si usted se puede arreglar con Dios solo, ¿Pa’ qué cree que Cristo fundó la Iglesia?

Ah, cómo será usté hablador...

y se me ocurren muchas otras, pero ninguna contundente. Es imposible mostrarle nada al que no simplemente no quiere ver.

Ya lo he dicho yo alguna vez: para optar por Cristo hay que ser humilde, hay que ser sincero con uno mismo, y hay que estar dispuesto a renunciar a algunas cosas. “Es más fácil que entre un camello por una aguja...” Parece mentira que una buena salud y un trabajo regular sean suficiente riqueza para despreciar a Dios.

Me quedo con dos ideas:

Una es que hay que ser coherentes. Más coherentes. Qué bueno fuera que nunca diéramos a los detractores de la Iglesia la oportunidad de hablar. Ni una oportunidad.

Otra es que Dios es quien nos llama, y sólo Él sabe cuándo. Mientras Dios no nos llame, nuestra pobre inteligencia humana jamás será suficiente para descubrirlo; de hecho hasta puede ser un estorbo. A algunos los llamará con una caricia, a otros con un testimonio, a muchos con una tragedia, y hay que contestar la llamada cuando llega.

Hay que agradecer a Dios que algún día nos haya llamado, y que nos siga llamando cada vez que se necesita Hay que agradecer esos mensajes que Dios nos manda y que a veces pueden no gustarnos. Los entendidos suelen decir que todo es mensaje de Dios.

Y hay que estar preparados para dar nuestro testimonio. Estar dispuestos a dar razón de nuestra esperanza, aunque nuestra explicación sea torpe. Uno nunca sabe si esa balbuciente tontería que atinó a pronunciar lleno de vergüenza, sea una herramienta que Dios va a usar para llamar a esa persona en particular.

 
 

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