3. Música que calma y colma
Víctor Corcoba Herrero
En un concierto de música de órgano para la Reina
Isabel la Católica en la Capilla Real, con motivo del V Centenario de su
muerte, pude comprobar que Las sinfonías melódicas siempre unen. Ante
tantos ruidos estridentes que nos rasgan el corazón, precisamos melodías
que nos suban el ánimo.
En medio de un mundo
flagelado por la violencia, el mal gusto, la crispación y tantos otros
desórdenes, propongo la música como alimento que acrecienta la vida, tan
sesgada por absurdos modos y modales, por suicidios en tentativa y
consumados (la nueva epidemia de los nuevos tiempos), por odios y
venganzas. Las sinfonías melódicas siempre unen. Lo pude comprobar en el
último acto vivido. La Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de
las Angustias de Granada organizó un concierto de música de órgano para la
Reina Isabel la Católica en la Capilla Real, con motivo del V Centenario
de su muerte, que aglutinó a multitud de personas, venidas incluso, a
propósito, de otras ciudades. Con el acertado y sugestivo título
“Música para tecla de los siglos XIV, XV y XVI”, en el que la
originalidad de las obras que se pudieron escuchar en el concierto
elevaron a lo más alto de la belleza tanta belleza contemplada y oída;
puesto que, Montserrat Torrent, es una de las grandes organistas dedicada
de lleno al repertorio de la música antigua española.
En el órgano positivo de la Academia, la
genial concertista, impregnó magistralmente bajo un silencio sepulcral,
las sonoridades más sublimes ante los muros sagrados que dan cobijo al
panteón real y el corazón de las miradas gozosas crecidas por el verso.
Montserrat Torrent, que es todo un pentagrama de luces centradas en
singulares acordes y de pautas concentradas de sabiduría musical, supo
sembrar las obras de compositores ancestrales, destilando una música del
tiempo para la vida actual. Realmente, con su dominio concertístico,
emocionó a todos los asistentes que le ofrecieron, al final del
repertorio, los más efusivos y persistentes aplausos. El desarrollo
concertista del programa único en el santo lugar, toda la atmósfera creada
alrededor de los corazones unidos en la música, me evocaban la emoción que
sentiría la Reina, amante de las artes y protectora de artistas, por este
tipo de bellos encuentros; ella que entendió estas expresiones creativas,
como descubrimientos del espíritu, gozo y medicina. El acto, sin duda, fue
una cura para el alma.
Aparte de que la música colma y calma,
favorece además el clima de diálogo entre culturas, algo muy necesario
para el entendimiento en un mundo diferencial y globalizado. Nuestra
tradición musical constituye un tesoro de valor inestimable que sobresale
entre las demás expresiones artísticas, que no sólo debemos conservar,
también conversar sobre sus gozos y convidar a otras culturas, tan
profundas esencias y emociones. La música nos identifica y, por ella, nos
pueden reconocer. El encuentro con lo armónico siempre armoniza hacia el
camino de la unidad. Ante tantos ruidos estridentes que nos rasgan el
corazón, precisamos melodías que nos suban el ánimo y resuciten la alegría
de sentirnos bien con nosotros mismos. Sin duda, es buena cita, la de
citarse en el cultivo sonoro para hallarse, cultivar lazos fraternos y
fermentos de paz en todo lagar y lugar.
|