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6. Amar, realidad maravillosa

Felipe Santos

El amor es lo único que no oprime la felicidad ajena.

¿Qué os ocurre, pareja?

Algo realmente maravilloso. Nos hemos enamorado. La felicidad nos inunda de un gozo indescriptible. Somos seres privilegiados por Dios. Es de él de donde nace esta fuente de alegría que penetra todo nuestro ser.

¿Qué habéis hecho?

Algo muy bello. Hemos ido los dos a ala iglesia. Nos hemos cruzado las manos. Y en actitud de orantes, hemos pasado ante el Sagrario un par de horas. De esta forma, amigo, hemos querido que sea el Señor el artífice de este amor que ha depositado en nuestros corazones para formar una familia creyente de verdad.

Ahora vemos las flores, escuchamos los pájaros, contemplamos los árboles que crecen y dan belleza a la campiña.

Muy bien, le dije emocionado. Pero, ¿sabéis lo que hay detrás de la palabra amor?

Por supuesto. En esta sociedad de consumo, ante tanto programa de televisión basura que banaliza el amor y presenta sólo los fracasos del mismo, nosotros sabemos a ciencia cierta que el amor no es una invención humana. Su fuente radica en Dios. Por esta razón hemos comenzado nuestras relaciones y nuestra carrera de preparación para el matrimonio- nada de parejas de hecho- poniendo nuestras vidas en manos del Señor.

Sabemos que esta palabra es toda una vida. Y una vida sin Dios es como un mar sin agua. Y sumidos en nuestra conversación, les recordé las palabras de san Agustín, siglo IV. ¿Nos las quieres repetir?, me dijeron. Con mucho gusto. Tomad buena nota. "El amor es el vinculo dulce y saludable de las mentes.

Sin amor el rico es pobre y con amor el pobre es rico.

El amor da resistencia en las adversidades. El amor da moderación en la prosperidad. El amor es fuerte en las pruebas duras. El amor es alegre en las buenas obras. El amor es generoso en la hospitalidad. El amor es alegre entre los verdaderos hermanos y es pacientísimo entre los falsos hermanos. El amor es la vida de los que mueren. El amor hace bien en medio del odio. El amor se halla confiado en medio de los insultos.

El amor es lo único que no oprime la felicidad ajena.

El amor en medio de la ira es plácido. El amor entre las insidias es inocente. El amor en medio de la maldad llora. El amor en medio de la verdad respira."

Anotadas estas palabras del siglo IV, la pareja me despidió con una sonrisa tan feliz como la frescura de sus caras enamoradas. Y con un beso en las mejillas, le dije que pusieran en un cuadro estas palabras de san Agustín como un recuerdo permanente para que su amor siga madurando hasta el día de su matrimonio y hasta el final de la vida.

Así lo haremos. Va en ello nuestra felicidad actual y la futura. Cada día meditaremos los dos juntos alguna de estas frases hasta que se conviertan poco a poco en sangre de nuestra sangre, en ilusión de nuestras ilusiones, en testimonio perenne de que sabremos afrontar cualquier dificultad si permanecemos unidos ante el yunque de nuestro amor, el único que sabe afrontar con éxito todo signo contrario a lo que supone y es para nuestra vida.

La plegaria, por supuesto, no puede faltar en dos creyentes que se han enamorado a la luz de la fe que Dios nos ha dado gratuitamente y que, al mismo tiempo, la manifestamos con orgullo ante otras parejas- colegas nuestros- que pasan de lo religioso.

La fe- hoy- la tenemos para que la vean nuestras vidas, no con palabras sólo, sino sobre todo siendo testigos que desde el momento y hora en que Dios nos ha puesto en el camino para sentir el amor, deseamos que sea el suyo el que ilumine día tras día el nuestro.

 
 

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