2. Ahora que estamos vivos…
Mikel Agirregabiria Agirre
Es urgente que no olvidemos vivir lo que
verdaderamente vale la pena de ser vivido.
Hoy debe ser el mejor día de nuestra
vida. Seguro que hace tiempo nos preguntamos si llegaríamos a esta edad, a
poder vivir una fecha como la de hoy. Ha llegado esta jornada, y ello es
motivo de celebración: otro día más para compartirlo con los nuestros.
Seguro que nos acompañan muchas adversidades y algunas alegrías, si
sabemos apreciarlas. La vida ronda a nuestro alrededor en forma de
estrella, de nube, de árbol, de pájaro y de gente. Hoy vamos a sonreír a
todas esas creaciones para pregonar que somos felices porque aún estamos
vivos.
Hoy vamos a ser bondadosos y generosos
con quienes nos rodean. Diremos bellas palabras como “te amo”, “te
necesito”, “eres especial”, “significas mucho para mí”, “¿te puedo
ayudar?”… Hoy es un día para reír, para escribir una carta, para
enamorarse más, para disfrutar de una comida en compañía de una amistad
que hace tiempo no vemos… Hoy es el día apropiado para abrazar y besar a
nuestra familia, a nuestros mayores, a nuestra pareja… Hoy es un día
apropiado para jugar con los pequeños, para escuchar a los colegas, para
atender a los necesitados, para dar la mano a quienes lo necesitan. Hoy es
el mejor día para pedir perdón, para rectificar nuestros errores, para
comunicarlo y dar una sorpresa agradable a quienes nos aprecian y nos
quieren. También es un día idóneo para trabajar fuerte, porque sólo con
mucho esfuerzo se solucionan las necesidades propias y ajenas.
La muerte nos ha enviado a todos una
carta certificada para notificarnos que pronto no estaremos aquí. Pero
todavía nos resta todo un día... Y un día aprovechado puede ser más que
toda una vida despilfarrada... No posterguemos lo urgente y lo importante,
ahora que estamos vivos. Tenemos todo un día para ser más niños, para ser
más sabios, para ser más felices.
Ahora que estamos vivos, es preferible
que compartamos con los nuestros unos cuantos minutos y no una noche
entera cuando ellos o nosotros hayamos muerto. Es mejor prodigar pequeñas
muestras de cariño ahora que estamos vivos, que no grandes manifestaciones
de duelo cuando hayamos muerto. Regalemos una sola flor ahora que estamos
vivos, en lugar de enviar una gran corona a un funeral. Demos aliento en
una breve visita o con una rápida llamada, sin esperar a escribir un largo
poema póstumo o un conmovedor epitafio cuando ya no estemos vivos.
Ahora que estamos vivos, procuremos dejar
a nuestros allegados una huella amable de nuestra existencia. Dejar este
mundo un poco mejor de lo que lo encontramos, con un poco más de paz y de
ternura. Es urgente que hagamos un alto en nuestra ajetreada vida y nos
preguntemos: ¿Tiene sentido todo lo que haremos hoy? Es perentorio que
apreciemos que nuestras vidas pueden ser grandes en servicio a los demás,
siendo verdaderamente hermanos todos los seres humanos. Es inaplazable que
miremos a nuestro alrededor y apreciemos cuánto amor nos brindan los
nuestros y cuánto amor podemos ofrecer a los demás.
Ahora que estamos vivos, es muy urgente
que no nos olvidemos de vivir lo que verdaderamente vale la pena de ser
vivido. ¡Que tengamos un buen día! ¡Sólo depende de todos nosotros!
|