2. Universidad, universitarios, universo
María Velázquez Dorantes
En la universidad se educa, se cultiva, se combina,
pero sobre todo se alimenta; existe un autor anónimo que dijo “que
educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las
dificultades del alma”.
La trascendencia
universitaria forma parte del núcleo social y de toda una historia
universal, puesto que universidad se deriva de universo, quienes
tienen la oportunidad de llegar a una casa de estudios universitarios se
enfrentan a una vocación y al universo del conocimiento, y la elección de
esta misma le concierne al individuo en sí mismo; porque de él surgirá la
pasión para dedicar cuatro, cinco u hasta seis años al mundo del
discernimiento, el cual permitirá abrir los procesos de pensamiento,
raciocinio, reflexión, análisis y crítica para formarse como un ser
sociable y al mismo tiempo como un ser que integra los valores
fundamentales que sostienen a la sociedad.
El proceso universitario tiene grandes
experiencias, buenas y malas, exige grandes esfuerzos pero sobre todo
demuestra evolución; quizás en un principio no se percibe el cambio, sin
embargo, cuando el tiempo va avanzando, el pensamiento se expande como una
mancha de pintura que va creando formas, despertando los dos hemisferios
cerebrales, el lado artístico y sensible como el lado que mantiene las
cifras duras, los discernimientos complejos, y ambos trabajan en las
distintas vocaciones que se eligen, en las distintas profesiones, en las
distintas carreras para llegar juntos a una meta.
Cuando la evolución parece haber
concluido y el campo de experiencia se ha desarrollado, el individuo se da
cuenta que ha abierto muchas metas más.
La universidad te prepara para “el mundo
exterior”, con gente que vive su evolución y que ahora es tiempo de
compartirla, porque el conocimiento que no se comparte es igual a una roca
que jamás tuvo vida.
Así la universidad presenta gente con
diversas ideologías, puertas que no se habían visto antes, aprendizajes
universales de los cuales aún se siguen realizando nuevas teorías, métodos
de disciplina y energía para que el hombre ponga en actividad toda su
capacidad de entendimiento.
Cuesta trabajo, tiempo y dedicación pero
al final de todo este esfuerzo las recompensas individuales y colectivas
son muchas.
En la universidad se
educa, se cultiva, se combina, pero sobre todo se alimenta; existe un
autor anónimo que dijo “que educar no es dar carrera para vivir, sino
templar el alma para las dificultades del alma”.
La universidad es solo una pequeña parta
para ayudarnos a templar el alma y así poder enfrentarnos al inmenso mundo
que nos espera.
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