5. Entrevistamos a Jesús Tanco Lerga:
radiografía del catolicismo social español actual
Fernando José Vaquero Oroquieta
Una entrevista al seglar navarro Jesús Tanco Lerga,
impulsor de múltiples iniciativas del asociacionismo social católico y,
sin duda, uno de sus exponentes más cualificados.
Hemos entrevistado a Jesús Tanco Lerga,
funcionario, escritor, periodista, historiador, fotógrafo…; impulsor de
múltiples iniciativas actuales del asociacionismo social católico. Es, sin
duda, uno de los seglares españoles con mejor y más amplio conocimiento de
la realidad del catolicismo social.
Pregunta:
Durante las últimas décadas no era posible hablar de “catolicismo social”,
por considerarse, también en amplios sectores eclesiales, que se trataba
de una realidad y un concepto obsoletos: así, la incidencia del hecho
religioso debía limitarse a la intimidad de las conciencias individuales,
sin ninguna trascendencia pública. En la actualidad, un nuevo tejido
asociativo, muy variado en su procedencia y calado, viene desarrollándose,
alimentado por la moderna Doctrina Social de la Iglesia. Conforme a su
experto juicio, ¿en qué momento se encuentra el asociacionismo católico
español?
Respuesta: Nos
encontramos en un momento de desconcierto clarísimo. Se ha empobrecido la
red asociativa eclesial, ahora en que hay más motivos para luchar que
nunca. Esa proyección social del catolicismo es imprescindible para ser
sal y luz como nos pide el Evangelio. Las tentaciones del desaliento y de
la resignación están cundiendo en amplios sectores nuestros y es necesario
invertir la tendencia. Me refiero, claro está, al asociacionismo, a la
proyección exterior de gentes normales y corrientes, de fieles rasos, no
me meto con instituciones que la jerarquía de la Iglesia conforma.
P.: Desde la
rica experiencia que le proporciona su absoluta implicación personal con
la situación de la familia española, ¿considera que el movimiento
asociativo familiar católico disfruta de buena salud?
R.: Al
movimiento familiar católico actual, dada su trascendencia y necesidad, lo
calificaría de raquítico, tímido y desorganizado. Dejando bien claro que
de esta declaración reconozco la labor, el sacrificio y el mérito de los
que están trabajando en él. Hay personas que están dejando la piel en
ello. Me refiero, en esas calificaciones, a la proyección exterior. Hay
instituciones o movimientos, y no pocos, que en el plano de la formación y
enriquecimiento cristiano y espiritual de sus miembros están haciendo una
labor formidable.
P.: Una de las
novedades acaecidas en los últimos años, imprevistas en buena medida,
dentro del asociacionismo católico español, ha sido el nacimiento y
desarrollo de las llamadas plataformas transversales (e-Cristians,
Hazteoír.org y Foro Arbil, principalmente). ¿Qué valoración le merecen
estas entidades, entendidas como nuevas vías de movilización ciudadana y
participación política?
R.: Su labor es
de descubrirse. Están trabajando mucho y bien. El secreto para seguir
progresando es que cada una mantenga su impronta fundacional, su espíritu,
su línea propia y complementaria con las demás. Que no se busquen fórmulas
artificiales para unirlas, estructuras carentes de contenido real que
quieran absorberlas, y sí es muy necesario hacer cosas juntos, como en una
orquesta o coro, unas veces lleva úna la voz cantante y otras acompaña. Al
final, cuando se hacen cosas juntos vienen formas de relación, e incluso,
de representación conjunta ante determinadas instancias, que de modo
natural irán cuajando.
P.: El
predominio actual, en el Congreso de los Diputados, de una mayoría
autodenominada progresista, manifiestamente contraria a los valores de la
“cultura de la vida” y de la propia familia, ¿exigirá una próxima
movilización de los católicos españoles en defensa del bien común?
R.: El Congreso
de los Diputados tiene una composición curiosa. Una mayoría relativa
socialista, apoyada por nacionalistas y radicales de izquierda, con un
Partido Popular compacto que todavía está perplejo por la inesperada
pérdida del poder. Del Congreso de los Diputados, como de los
congresillos, parlamentos o dietas regionales, autonómicos, o de las
comunidades, como de las ordenanzas de los ayuntamientos donde no haya
gente de valor y con ideas claras, se puede esperar cualquier cosa. Lo
estamos viendo. Los católicos, ante todo, deben ser buenos católicos. Si
lo son, el intervenir en la sociedad no es algo impuesto o de obligación,
sino una exigencia de la propia fe, de la esperanza en que mejore el
mundo, y de la caridad para el prójimo. Las mismísimas virtudes
teologales. Hay que estar en lo que se celebra, es decir en nuestro mundo,
participando como ciudadanos que somos, colaborando en las fórmulas de
participación política que sean eficaces, pero ante todo compatibles con
la Iglesia y los dogmas de nuestra fe. La Iglesia nos da mucha libertad
para esa acción en lo público.
P.: La sociedad
española, globalmente considerada, asume el modelo vital
relativista-consumista dominante, a lo que contribuye la mayor parte de
los medios de comunicación, la acción política y buena parte de los
recursos educativos. Las obras sociales de la Iglesia, ¿pueden
constituirse en alternativa creíble a esta mentalidad omnipresente? En el
contexto que, de alguna manera, hemos descrito, la política,
particularmente la desarrollada por los católicos, ¿puede ser un
instrumento para la regeneración de esta sociedad?
R.: Las obras
de la Iglesia, como todo lo relativo a esta santa y madre familia divina,
están a otro nivel que las obras de los parámetros sociales humanos. Los
católicos, como todos los ciudadanos mínimamente responsables o
conscientes, que además contribuimos con impuestos a los presupuestos
públicos, hemos de participar en lo público y contribuir a santificar la
sociedad; si a esa labor de mejorar en virtudes al conjunto social le
llamamos regeneración, pues habrá que regenerar la sociedad. Por cierto,
esta palabreja que tiene visos orteguianos, tiene un profundo significado
en lo cristiano, por la Redención que nos regenera.
P.: Muchos
católicos contemplan desde la sospecha a la participación política, en
general, y a los políticos en particular; también a los políticos
católicos. Pese a ello, creemos que puede detectarse, particularmente en
algunos ambientes eclesiales concretos, un mayor interés por la política;
ya sea a través de los partidos o de las plataformas transversales.
Personalmente, ¿considera que existen suficientes espacios formativos y de
encuentro, dentro de la Iglesia española, que apoyen a sus vocaciones por
lo público?
R.: En la
Iglesia muchos fieles carecemos de formación conveniente, desconocemos la
doctrina social de la Iglesia, aceptamos como mejores las propuestas de
personas claramente escoradas a posturas contrarias a la Iglesia, votamos
a gentes que sabemos que en la acción política nos perjudican, somos
incoherentes con lo que tenemos por cierto y bueno. Vamos, que hay que
espabilarse de lo lindo. Fomentar, consolidar y crear, donde no haya,
lugares de encuentro, de acción conjunta, y hasta diría de oracción (no es
errata lo de las dos “ces”) es fundamental y urgente. A funcionar. Examen
de conciencia y propósito…
P.: Un número
creciente de cristianos se siente decepcionado por la práctica de los
grandes partidos en contra de sus valores más queridos (especialmente el
PP y CiU). Seguramente por ello, algunos se vienen decantando por nuevas
formaciones políticas que, de momento, no han calado en la sociedad
española. Es el caso del partido Familia y Vida. ¿Considera
oportuna la presencia de este partido político?, ¿podría concebirse como
la primicia de un nuevo espacio político?
R.: A mí que he
participado en la fundación de tres partidos políticos, UCD en Navarra,
antes el Partido Socialdemócrata Foral de Navarra, UPN después de
diciembre de 1978, me gusta que se creen partidos, que se trabaje en los
partidos, que se revisen y mejoren sus programas, que se sigan las
propuestas de sus portavoces y dirigentes. Creo que faltan partidos
representativos en España, que el PP está sólo, en propuestas
fundamentales, que se necesita algo para complementar al centro, como lo
que es IU para el partido socialista. También hace falta que en el seno de
los ambientes nacionalistas haya secciones, o partidos que sean
consecuentes con quienes quizá hace muchos años, seguían hasta límites
integristas a la Iglesia católica. Ahora, en estos ambientes nacionalistas
parece haber un ídolo, un tótem, que es su estado independiente, y para
conseguirlo se sacrifican valores, se vota con los contrarios a la Iglesia
en cuestiones de fe, el fin hace justificar los medios, una pena. En
cuanto a Familia y Vida, el resultado electoral ha de hacer pensar
a sus promotores de que o no se ha planteado bien, o los electores quieren
partidos con respuestas globales y conjuntas a los problemas sociales,
como la inmigración, el terrorismo, la economía… junto a los temas que
inciden en los valores de orden superior como la familia y la vida.
P.: Destaquemos
algunos hechos: la creación de nuevas universidades católicas conscientes
de su identidad, los congresos anuales “Católicos y vida pública”,
la constitución del Foro Español de la Familia, la acción de las
llamadas plataformas transversales, la aparición de nuevos medios de
comunicación, la constitución de la Compañía de la Obras de España...
Estas realidades del moderno asociacionismo católico, ¿constituyen hechos
aislados o, por el contrario, son la prueba de su revitalización? Los
“nuevos movimientos eclesiales”, ¿desempeñan, en ello, un papel
particular?
R.: Bienvenidas
sean las iniciativas aludidas, las que son similares, los medios de
comunicación que se hacen eco de las mil iniciativas de orden social
promovidas y sostenidas por personas físicas o jurídicas vinculadas a la
Iglesia. Yo echo de menos aquella Acción Católica de mi juventud; fui
responsable de la JEC (Juventud Estudiantes Católicos) en Navarra. No sé
si ahora es factible aquella organización, pero en el caso de no serlo se
debería sustituir de algo general, amplio, donde cupieran iniciativas y
actividades bien arraigadas para la formación, para la práctica religiosa,
para la colaboración con otros sectores de la Iglesia más necesitados, y
todo ello desde el papel secular, de fieles corrientes y molientes, pero
organizados. Los nuevos movimientos, que están en el seno de la Iglesia,
son todos buenos, positivos y aportan al rico panorama de comunidades
dentro de la gran Comunidad eclesial, su específico papel. Ayudan a
mejorar a mucha gente, y es la misión a la que Dios llama a algunos de sus
mejores hijos. Ningún católico sin misión.
P.: El capítulo
español, de la historia del sindicalismo y el cooperativismo agrario y de
crédito, no puede concebirse sin la aportación y presencia de los
católicos. No obstante, aparentemente, los católicos nos hemos retirado de
tales ámbitos. Incluso la acción caritativa, antaño exclusiva obra de la
Iglesia, está dando paso a la perspectiva laicista de muchas ONGs,
cuestionándose ferozmente las razones y métodos empleados por las obras
eclesiales. ¿Considera que es posible mantener, o retomar según los casos,
en esos importantes ámbitos de la vida colectiva, la presencia misionera y
la esperanza derivadas de la humanizadora experiencia cristiana?
R.: Lo que es
más urgente, es quizá conformar un sindicato que responda a los postulados
de la doctrina social de la Iglesia. Es imperdonable para nosotros, que
hayamos entregado a formaciones históricamente contrarias a la Iglesia,
luego tácticamente aliadas con algún sector marcado de ella, ahora
combatiendo claramente convicciones católica, que hayamos entregado,
repito, muchas personas que lógicamente quieren la defensa de sus
intereses laborales y profesionales, a los sindicatos llamados de clase, y
que no son en muchos caso, más que otra forma de hacer política, y qué
política. Algunos de estos sindicatos fueron promovidos, alentados o
desarrollados en esta nueva era sindical, por católicos bienintencionados.
Hay que tener un Solidaridad, unos Sindicatos Agrarios, unos Sindicatos
Profesionales, como los había en la República -bien actualizados,
lógicamente- y que ahí se vea la maravillosa doctrina social expuesta por
los Papas contemporáneos. Hay sindicatos en profesiones más liberales o
autónomas, con campo más reducido, que podrían integrarse ya. Insisto, un
sindicato con fuerza y con convicciones, se necesita ya, que oriente hacia
el empleo, que busque la justicia social sin odios ni resentimientos, que
sea un modelo de relación en la empresa de la que forman parte, además de
los empresarios, los trabajadores.
P.: Su último
libro, la biografía del periodista Manuel Aznar, abuelo del último
expresidente del Gobierno, ¿qué respuesta está encontrando?, ¿qué le animó
a realizar esta gran investigación?
R.: Estoy
encantado de la respuesta del libro editado por Planeta y bien
distribuido, las críticas de personas como Sergio Piera, Luis Monreal,
Manuel Calvo Hernando, Fabián Estapé, José Javier Sánchez Aranda,
auténticos especialistas cuando no maestros, en el periodismo me llenan de
alegría. Ha merecido la pena dedicar una década de estudio a la persona y
trayectoria profesional de Manuel Aznar Zubigaray, que con la formación de
los seminarios de Pamplona y Madrid, además del buen ambiente familiar, y
el complemento de otras instituciones, fue uno de los mejores periodistas
del siglo XX en España y uno de los más hábiles diplomáticos.
P.: Navarra ha
sufrido profundas transformaciones sociales y culturales en las últimas
décadas, desdibujándose su profunda identidad popular católica.
Conscientes de esta realidad, ¿puede, el catolicismo navarro, seguir
realizando aportaciones de calado al conjunto de España?
R.: Navarra
está compuesta por navarros, España por españoles, Europa por europeos.
Necesitamos más y mejores navarros, españoles y europeos. Entonces
mejorarán Navarra, España, Europa y el Mundo. Por cierto, es preciso
integrar mostrando nuestros mejores valores a nuestros nuevos
navarro-españoles, y desde España, dar mejor ejemplo a la gran familia de
pueblos y naciones de Hispanoamérica y de Filipinas. ¡Qué pena! De la
decepción que sienten muchos de nuestros hermanos de cultura y de fe
viendo las cosas y acontecimientos que les llegan de España. Navarra tiene
buenas raíces como el conjunto de España, y a pesar de alguna plaga que se
ha instalado en alguna de sus ramas, el árbol resistirá, crecerá y dará
mucho fruto.
P.: De todas
las variadas iniciativas y entidades (literarias, políticas, Camino de
Santiago, Amas de Casa, familiares…) en las que ha participado, como
fundador, impulsor, etc., ¿siente particular predilección por alguna en
particular?
R.: Me gustan
todas…Cada una es distinta, pero encuentro en ellas muchas más recompensas
que tiempo o esfuerzo haya podido dedicar. Sólo en el capítulo de buenos
amigos que he hecho en ellas, bueno… Se me hace la boca agua. La pena es
no tener más tiempo para ellas. Las obligaciones de Dios, de la familia y
de la profesión condicionan todo.
P.: Nos
gustaría terminar la entrevista con una pregunta personal, pues creemos
pudiera ser de interés para los lectores. Para mantenerse fiel a la
propuesta de la Iglesia, el apoyo de una concreta compañía humana parece
imprescindible. Jesús Tanco, ¿se apoya en algún carisma o figura
particular?
R.: Soy hombre
eclesial. De familia y escuela pública y cristiana en la niñez, escolapia
en el bachillerato, de la Universidad de Navarra, en la superior. Asisto
regularmente a retiros de cooperadores o amigos de la Prelatura del Opus
Dei, también a ultreyas de Cursillos de Cristiandad, a reuniones de la
ACdP (Acción Católica de Propagandistas) en Pamplona, frecuento la
Catedral de Pamplona y las enseñanzas del Arzobispo del que he tenido
orientaciones estupendas, me siento también como de la familia benedictina
-tengo dos hermanas de mi padre, monjas en Zaragoza-, de la teresiana de
san Enrique de Ossó -otra tía- en la que participo en una ONG, de la
capuchina, no en vano tuve una tía que estaba muy cerca de la santidad en
el convento de Tudela, en general frecuento conventos de clausura, hago
las javieradas con unción, peregrino a Santiago, procuro confesarme a
menudo, ir a misa, si puedo todos los días, hacer un rato de
meditación-oración, no dejar el examen de conciencia y el ofrecimiento de
obras, rezar esas cincuenta maravillosas avemarías ofreciendo cada
misterio por cada uno de mi familia, por cada parte del mundo, cada
avemaría por una provincia española -incluyo en dos andaluzas- a Ceuta y
Melilla, y bueno, voy tirando por la vida. Quiero ser buen hijo de la
Iglesia. En ella tengo los medios de formación y de acción suficientes.
Dios quiera que también pueda morir en su seno y preparar así la llegada
al pórtico de la Gloria.
Perdona que me haya explayado
Muchas gracias.
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