9. “Pulverizar” a la iglesia
J. Antonio Doménech Corral
El gobierno del PSOE pretende borrar toda
influencia de la Iglesia en la sociedad civil española para
descristianizarla. ¿Cómo proyecta responder la Iglesia?
Las tímidas escaramuzas dialécticas de
principio de verano cruzadas entre el Gobierno del PSOE y la jerarquía de
la Iglesia española, como de tanteo para asegurarse cada parte hasta dónde
estaba dispuesta a llegar la otra, ya ha desembocado en una verdadera
guerra abierta que no ha hecho más que empezar.
Porque, como era de esperar de los
compromisos contraídos para su poder hacer, el Ejecutivo español no ha
tenido más remedio que aprobar a toda prisa tras las vacaciones su
anteproyecto de nueva ley del divorcio, a primero de octubre hará lo mismo
con el código civil para dar cabida al matrimonio de homosexuales, seguirá
en el 2005 el aborto libre en las primeras semanas de embarazo, y después
una batería de medidas contrarias a la moral católica entre las que no se
descarta legalizar la eutanasia.
Pero, al mismo tiempo, ha encomendado a
su Vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, la coordinación de
tres ministerios que lleven a término un “plan integral” para implantar
definitivamente el laicismo en España. Plan que incluye la financiación de
la Iglesia a través del IRPF sin ningún favoritismo, como cualquier otra
confesión religiosa; la supresión de toda subvención a sus organizaciones;
la reforma del sistema educativo sobre la enseñanza de la religión con
retirada de los crucifijos de lugares públicos, colegios y cárceles. En
resumen, el viejo sueño del partido socialista prudentemente sofocado en
tiempos del ex presidente Felipe González; pero ahora bien orquestado en
lo que han dado en llamar “hoja de ruta”, con la intención de asentar en
España no sólo un verdadero Estado laico y una enseñanza oficial laica,
sino de borrar toda influencia de la Iglesia en la sociedad civil española
para descristianizarla. Y descristianizada, cubrir su hueco con el
laicismo como verdadera religión.
¿Y la Iglesia? ¿Cómo proyecta responder
la Iglesia a este urdido plan lo más parecido a “un viejo arreglo de
cuentas”? por más que lo haya negado públicamente el diputado socialista,
Victorino Mayoral, en las pasadas Jornadas sobre la Laicidad celebradas en
Cádiz. Pues la Iglesia, ante las “nuevas disposiciones que afectan de
manera importante a la vida de las personas y a la convivencia acorde con
el ser humano”, lo único que hará será iluminar las conciencias y divulgar
los valores del cristianismo en la sociedad española, pero sin alentar
movilizaciones en la calle; aunque “los católicos, como cualquier
ciudadano, son libres de actuar según crean conveniente”. Son
declaraciones del portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio
Martínez Camino, al fin de una Comisión del episcopado; pero advirtiendo
que los obispos, cada uno en su diócesis, pueden decidir lo que quieran
según les está permitido por el código de derecho eclesial. Y así no es de
extrañar que, mientras unos han optado de momento por callar prudentemente
y verlas venir, otros con duras críticas arremeten contra el Gobierno.
Pero
el ciudadano de a pié, que ya ha tomado conciencia de esta confrontación
Gobierno español-Iglesia, la verdad es que la mayoría no comulga con este
“choque de trenes” como ha sido definida por el socialista García de
Andoín, responsable de la corriente católica dentro de su partido. Ni el
votante del PSOE porque intuye que por este camino perderán electorado, ni
el fiel católico porque no ve con buenos ojos a curas y obispos en la
calle tras las pancartas, como algunos han anunciado que irán.
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