7. La fragilidad del SÍ
Me temo que asistimos a una notable disminución en
la densidad de los enamoramientos. Yo siempre había pensado que si existe
la vida perdurable, la metahistoria, es porque el amor humano tiene
pretensión de eternidad.
El pasado viernes se produjo un “nuevo
logro” en las libertades democráticas: divorciarse será tarea más rápida,
se acortará el plazo para iniciar el proceso del divorcio y se agilizará
su tramitación. (No entro en esta ocasión en el tema de los hijos).
Este nuevo “logro” no puede ser ajeno, es
más, debe estar determinado por la idea que se tiene del matrimonio y por
el fundamento sobre el que se constituye, que al parecer es el amor
humano.
Cabe deducir de la nueva propuesta que el
matrimonio es una más de las muchas experiencias de la condición humana
con plazo de caducidad y cuyo tiempo es cada vez más fugaz, más breve y
que, efectivamente, eso del amor es pura química.
Yo siempre había pensado que si existe la
vida perdurable, la metahistoria, es porque el amor humano tiene
pretensión de eternidad. No he conocido ningún enamorado que haya
prometido a su amada amor a “tres meses vista”.
Pretensión de eternidad con esa capacidad
de renovación del SÍ PRIMERO, manifestación de libertad personal y
condición de fidelidad, nada ajena, nada alejada, muy próxima, a eso que
Julián Marías llama felicidad, “el imposible necesario”.
Yo pensaba que cuando un hombre y una
mujer se embarcan en la apasionante tarea de llevar a término un proyecto
de vida en común, poniendo cada uno lo mejor de sí, que sin duda es su
condición de persona, lo hacían como respuesta a esa necesidad irrestricta
que tiene la persona de “ser con”, de ser “además”, de encontrar su
réplica, para llegar a ser ese quien, al que está llamado a ser desde el
inicio de su existencia...
Y yo pensaba que todo esto solía
iniciarse en esa experiencia radicalmente novedosa, sorpresiva,
transformadora que es el descubrirse enamorado, encontrando en la amada la
radical novedad; descubrimiento que si es mutuo, ha dado lugar y seguirá
dando, a las grandes creaciones del ser humano.
Pero me temo que asistimos a una notable
disminución en la densidad de los enamoramientos: El empobrecimiento en
los “decires”, la escasa creatividad poética, el reduccionismo en el
lenguaje, la sexualidad sin rostro, la dignidad personal reducida a la
condición de cosa... no sigo, es fácil continuar ampliando los “nuevos
logros”... todo ello no es ajeno a la fragilidad del sí.
El sí enterizo, el sí libre, el sí
comprometido, siempre ha estado y seguirá estando al inicio de las grandes
tareas y de los grandes logros, tanto personales como colectivos.
Nos corresponde a cada uno elegir la
naturaleza del SÍ. Deseo que aciertes.
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