8. La espera del amor
Mikel Agirregabiria Agirre
El amor es un espectacular espejismo, un especial
espejo de espectros en esperanzada espera.
Desde antes de conocernos ya nos
estuvimos esperando. Esperábamos que un día apareciera la otra persona, y
mientras yo te esperaba tú me aguardabas. Un día nos encontramos y
comenzaron nuestras sincronizadas esperas.
¡Cuántas horas de espera hubimos de
observar! ¡Cuántos suspiros simultáneos, cuántas inquietas miradas al
reloj o al calendario a la espera de nuestro siguiente encuentro y con el
recuerdo de la anterior cita!
Hubimos de esperar para ser novios. Para
encontrar trabajo. Para casarnos. Para disponer de casa. Para concebir
nuestra primera hija, nueve meses imaginando cómo sería. Esperamos nuestro
segundo hijo, otros nueve meses de preparación. Esperamos que creciesen,
que estudiasen, y seguimos esperando que algún día se casen y quizá a
nuevas esperas de futuros nietos.
Con las esperas nuestras impaciencias se
fueron transmutando. Nos enseñamos a esperar… Las esperas nos hicieron
valorar el tiempo que pasamos juntos, las horas que estamos cerca el uno
del otro. La espera es por sí misma una felicidad. En las esperas se
centuplica toda la imagen de quien también nos aguarda.
El amor es… espera, es buscar un rato
para compartir, es encontrar un tiempo para vivir en compañía. El amor es
soñar y disfrutar, es acercarse y tomarse de la mano. Es sorprenderse cada
vez de la misma persona que amamos y nos ama desde hace mucho tiempo. Amar
es esperar para acompañarse nuevamente. El amor es aprender a estar cerca,
muy cerca, y sobrellevar el estar lejos esperando con la misma certeza de
una común y fiel espera.
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