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11. Obreros entre izquierdas y derechas

Alejo Fernández Pérez

Los programas políticos de las izquierdas siguen siendo los mismos que en los años treinta: odio a la Iglesia, destrucción del matrimonio y la familia, ataques a la enseñanza, extensión de la inmoralidad, fomento del sexo y fomento de todo aquello que pueda destruir al cristianismo. En los países filocomunistas, tras casi un siglo de poder, solo quedó ruina, muerte, miseria,… Sin embargo, las izquierdas siguen recibiendo el voto de los obreros y algunos “intelectuales”..

Hace unos días un viejo sindicalista -hoy empresario- me comentaba: “No sé por qué co.. siguen diciendo que: No hay obrero más tonto que el que vota a las derechas, cuando en realidad, el obrero más “despistado” -él dijo un taco- es el que vota a las izquierdas”.

Podría ser el fruto de una sociedad en la que, cuando en ella se extiende una ideología o una corriente de opinión, esta irá avanzando y persistiendo en nuestra mente, incluso cuando, pasado el tiempo, ha perdido todo su significado original; por eso, de izquierdas , derechas y obreros comentamos aquí en el sentido más amplio y actual.

Desde hace más de un siglo se daba por supuesto, que sólo las izquierdas podían defender y redimir a los obreros de su penosa situación. Y así fue en buena parte al principio. Pero pasa el tiempo, y desde mediados del siglo pasado nuestra civilización sufre las mayores transformaciones conocidas desde el inicio de la historia: aparecen los plásticos, la energía atómica, los ordenadores, los teléfonos móviles, los cohetes, pisamos la luna, cae el muro de Berlín,… También las ideologías de los antiguos defensores de los obreros se anquilosan y se tornan rancias, convirtiéndose en freno más que en motor.

El primer deseo y necesidad de cualquier obrero es encontrar un puesto de trabajo. Esto es lo primero y fundamental. Después, sólo mucho después, aparecerá la preocupación por conservarlo o mejorarlo, y entonces surgen los sindicatos. Su importancia, por tanto, es secundaria pero importante.

¿Quién crea los puestos de trabajo? En general, los puestos reales de trabajo, los de verdad, los que levantan riquezas, los crean los gobiernos liberales y los empresarios, gentes de derecha con dinero -capitalistas-, personas bien formadas, inteligentes, valientes a la hora de exponer su dinero y con las virtudes y defectos de cualquier persona. No hay nación o ciudad -incluyendo las marxistas- que no desee para ella la instalación de una de esas tan denostadas multinacionales.

Por el contrario, en las izquierdas la proporción de personas bien formadas es bastante baja, no preparadas para gobernar, y sin capital ni capacidad para montar empresas y/o hacerlas funcionar. Los puestos de trabajo los crean, cuando gobiernan, poniendo tres obreros donde sobra con uno. No es de extrañar, pues desgraciadamente, las personas de izquierdas por su menor poder económico, no han tenido las mismas posibilidades de estudio que las de derecha. Así se hundió Rusia. Y así se explican los lamentos de Azaña cuando tenía que formar gobierno con políticos de izquierdas.

Nótese que los emigrantes jamás se dirigieron ni dirigen a Rusia, China, Albania, Cuba, …ni a ningún otro país de izquierdas, en los que sustituyeron a Dios por el partido. Y ganó Dios. Van a USA, Inglaterra, Alemania, España hoy, Francia, Canadá,… todos ellos países capitalistas, de derechas o centro-derecha. En ellos es donde los obreros han alcanzado la mayor prosperidad. En España los señoritos de izquierda, como los de derecha, se acomodan hoy en los altos puestos políticos. La única condición exigible es que sean fieles al nuevo amo. La capacidad para el cargo, no importa.

El socialista Felipe prometió 800,000 puestos de trabajo y en 13 años creó un millón de parados más. De paso, económicamente dejó a España en quiebra técnica. Poco más y estaríamos como en Argentina. El centro-derechista Aznar puso orden en las finanzas, creó cinco millones de puestos de trabajo y dotó España de la mayor riqueza conocida en toda su historia, a pesar de los serios errores cometidos. ¿Cuál fue más beneficiosos para los trabajadores? Puestos a buscar presidente, en el PSOE sólo encontraron a un “Zapatero” sin experiencia, mientras que en el PP podían elegir entre cinco o seis políticos todos de primera clase. Sin embargo, en las últimas elecciones ganó el PSOE. Muchos de los que le votaron se arrepintieron al día siguiente.

Desafortunadamente, los programas políticos en la “mente y en los hechos” -no en los papeles- de las izquierdas siguen siendo los mismos que en los años treinta: odio a la Iglesia, destrucción del matrimonio y la familia, ataques a la enseñanza, desprecio a la bandera española, extensión de la inmoralidad, fomento del sexo, partición de España, y fomento de todo aquello que pueda destruir al cristianismo. En Roma los Césares eran dioses a los que adorar. ¿Con qué dioses vamos a sustituir a Cristo? De momento, algunos nuevos gobernantes ya exigen adoración. El odio a la Iglesia tiene sus razones, ya lo dijo Jesús: (Jn 7,7) “El mundo me aborrece porque doy testimonio contra quienes obran mal” La Iglesia se ha convertido en el dedo acusador que señala a los responsables de demasiadas tropelías, y estos se revuelven al verse descubiertos. Así se explica también el odio a Aznar , el hombre que tuvo la osadía de lograr en pocos años una inmensa riqueza y estabilidad para España, dejando en ridículo las promesas, pancartas y propagandas de las izquierdas. “Obras son amores y no buenas razones”.

Los obreros y los más necesitados no son hoy los de hace 60 años. Están más formados y son mucho más ricos. Cualquiera de ellos tiene casa y coche de su propiedad. Salen al extranjero, comparan y ven dónde realmente viven y han vivido mejor los obreros. Comprueban que el paro prácticamente no existe en USA, Inglaterra, Alemania, Canadá, Japón,… y bajó extraordinariamente con Aznar en España. Todos ellos países capitalistas, de derechas o de una izquierda muy de derecha. En los países filocomunistas, donde se prometía el paraíso en la tierra para todo el mundo, tras casi un siglo de poder, solo quedó ruina, muerte, miseria,…

Sin embargo, las izquierdas siguen recibiendo el voto de los obreros, aunque en menor proporción. Quizá porque en sus mentes han quedado impresas la ideas de que las izquierdas son las únicos que les pueden ayudar, y esta idea bien remachadas durante más de un siglo , persiste a pesar de haberse venido abajo estrepitosamente con el muro de Berlín. Las ideologías políticas y filosóficas fracasadas siguen incrustadas, grabadas como en un CD-ROM en las mentes de los obreros, y también en las de los “intelectuales” y “empresarios” incapaces de vivir sin las subvenciones y la teta estatal. ¿Hasta cuándo? Posiblemente, hasta que seamos un poco más demócratas y un poco menos de izquierda o de derecha.

 
 

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