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7. Día de muertos

María Velázquez Dorantes

Día de muretos, el fenómeno cultural de la muerte, rico en variedad histórica, profundo en leyendas, impulsador del factor creativo, autor de versos y generalizador de esencias sociales sin extractos de clase, que está siendo desplazado por el comercial Halloween.

La cultura de día de muertos, está absorbida por el flujo y reflujo del halloween donde muchas veces se habla más de él que de nuestra costumbre y tradición del 1° y 2 de noviembre de cada año.

Lamentablemente como producto de un sistema de gobierno donde el consumo se hace relevante es más posible estar hostigados por lo que caracteriza al holloween (máscaras, disfraces, maquillaje, etc.), además de verificar que los medios de comunicación, en especial el cine, está más identificado con ello y días antes del 31 de octubre la televisión tanto abierta como de pago está constantemente enviando mensajes que absorben por completo una tradición mexicana.

El día de muertos hoy en día también es recordado debido a que se encuentra como un día feriado en las escuelas, o por los concursos de calaveras literarias, disfraces y altares, donde lo relevante es el dinero, y no rescatar una costumbre que procesa hacia el fenómeno cultural de la muerte.

La colonización que en ella venía la evangelización cristiana en conjunto con la cultura prehispánica que teníamos de nuestros antepasados logró realizar el híbrido de la cultura de día muertos recordándonos a todos el camino que nos espera, así como recordar a quienes ya dieron pie a ese camino.

La cultura de día de muertos es colorida, alegre, costumbrista e interesante porque nos muestra dos realidades distintas: la muerte como sufrimiento y la muerte como manifestación de broma; así mismo la demostración de creatividad e imaginación por ese fenómeno que sucede a veces inesperadamente y que los mexicanos le han colocado cuerpo y rostro.

Tanto el día 1° dedicado a los santos o niños como el día 2 de noviembre impulsan a la sociedad a encontrarse con aquello que tanto pavor provoca, porque significa la separación terrenal de los seres queridos pero al mismo tiempo enfrenta al este proceso con una preparación que manifiesta el recuerdo latente de quienes ya batieron esa lucha y comienzan un peregrinar hacia otra vida.

Además de ser una cultura rica en creación como el pan de muerto, los altares que tienen velas, papel picado, flores de cempasúchil, alimentos mexicanos como los tamales y gorditas también se hace presente el híbrido de la cultura prehispánica como el copal e incienso, el maíz como producto básico de la alimentación, la importancia del agua y la cruz que indica los cuatro puntos cardinales.

Y todo esto, sólo le dedican un reportaje dentro de las ciudades que más lo expresan como Morelia u Oaxaca, o a los ambulantes que se tienden con calaveritas de azúcar y que también revuelven al halloween.

No es posible que no se pueda resaltar más una costumbre propia que aquella ajena a la que se le dedica más investigación porque se habla de su origen, de sus transiciones y todo el mercado que alrededor de ella está.

Es cuestión de que el mexicano acepte su bagaje cultural y le otorgue él mismo la importancia de este proceso que se ha convertido durante años en el fenómeno cultural de la muerte, rico en variedad histórica, profundo en leyendas, impulsador del factor creativo, autor de versos y generalizador de esencias sociales sin extractos de clase.

 
 

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