1. El voto ateista
J. Antonio Doménech Corral
Toda esta campaña contra la Iglesia por parte del
gobierno español, es más bien un plan para desviar la atención de otros
problemas más graves, y ganar más votos, como el de los ateos.
Ateos son los que niegan a Dios y a la
Iglesia. Su voto nunca ha estado lógicamente con el Partido Popular “de
inspiración cristiana”, ni con el Socialista por estar siempre dando
largas a sus pretensiones… hasta ahora.
El filósofo y escritor checo, Milan
Machovec (1925-2003), el mejor ensayista del siglo XX y autor del famoso
libro para ateos titulado “Jesús para los ateistas”, decía que “una
humanidad que había empezado a tocar las puertas del cielo, había empezado
también a acercarse a las puertas del infierno”. Dura expresión que en
estos momentos se aplica a la sociedad española en los comentarios de toda
Europa.
Porque para toda Europa, España venía
siendo la nación más católica del viejo continente. Más incluso que la
propia Italia, sede del Papado, que la considera como el corazón del
catolicismo por su número de santos, sus mejores místicos, un nuevo
continente descubierto y evangelizado por ella para el cristianismo,
promotora de devociones y dogmas, con órdenes religiosas hispanas al
servicio de pontífices… Ahora, sin embargo, Europa contempla asombrada el
cambio de tornas con su reciente posicionamiento contrario a todos los
principios morales de la Iglesia Católica en temas esenciales como la
familia, vida y enseñanza religiosa. Y cómo presume de ello. Porque, en
palabras de la Vicepresidenta primera del Gobierno, Maria Teresa Fernández
de la Vega, “España se ha colocado a la vanguardia europea” y “ha dado un
paso histórico”; aunque los hay más contundentes asegurando que “la época
de la cristiandad ya ha terminado”.
En cuanto a lo primero, se ha de admitir
que es verdad. Y que se ha conseguido con menor costo, por ejemplo, que
cuando no llegaba a ponerse el sol sobre sus dominios; aunque también la
gloria que ahora nos acompaña es inferior. Tocante a lo segundo, me lo
hace dudar la pública confesión que hace nuestro ministro socialista de
defensa, José Bono, de su catolicismo; y de que también otros socialistas,
como el presidente autonómico andaluz, Manuel Chaves, no hubiera tenido
inconveniente de pisar la catedral Sevillana en la boda sacramental de su
hijo por la Iglesia, hace un año.
Y es que, en mi opinión, el “plan
integral” que nuestro Gobierno socialista ha empezado a desenvolver contra
los principios doctrinales de la Iglesia y provocado las diatribas de su
episcopado, es ciertamente un plan; pero para desviar la atención, entre
otros problemas, del más grave que le ha surgido con los astilleros
navales, junto al cada vez más asfixiante de la emigración y del
cumplimento de las promesas pactadas con los otros partidos que le apoyan.
Le ha bastado el anuncio de llevar a cabo unos ligeros retoques
legislativos para equilibrar la situación, conseguir hacer campaña y
acrecentar el número de votos favorables. Es lo que sucederá con el de los
ateistas, que niegan a Dios y a la Iglesia, a la vista de la manifestación
que promovieron a las puertas de la sede del partido socialista en Madrid
para dar las gracias y vitorear al Presidente Rodríguez Zapatero por su
anteproyecto de regulación del llamado nuevo matrimonio, la unión legal de
las parejas homosexuales equiparadas en derechos al matrimonio tradicional
hombre-mujer.
Una pena que la cuestión religiosa, que
había dejado de constituir tema preocupante en nuestro país, lo haya
vuelto a resucitar este Gobierno; aunque con casi la general indiferencia
de los ciudadanos, más liberales y menos dados a zarandeos políticos que
hace unas décadas. Y una pena también que, en medio de tanta diatriba, el
episcopado español no haya sabido trasmitir a los homosexuales el mensaje
de que la Iglesia no es su peor enemigo.
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