2. ¿Qué haría Jesucristo?
Mikel Agirregabiria Agirre
La campaña electoral norteamericana desata, por
razones sectarias, una pregunta postergada.
Ambos contendientes Bush y Kerry han
recurrido, para la movilización del electorado indeciso, a la búsqueda de
todo tipo de aliados y simpatizantes, incluso en las instancias
religiosas. Numerosas jerarquías y representantes religiosas de los
diferentes cultos y sectores estadounidenses se han pronunciado a favor de
uno u otro candidato, en función de su posicionamiento político.
Francamente, no vale la pena recopilar
las exhortaciones de algunos prelados sugiriendo un aval del Dios
universal a un candidato y comparando a su adversario con el mismo
demonio. En plena batalla electoral y cuando parece que todo vale para
ganar a cualquier precio, se desentierran grupos que han actuado incluso
con parafernalia paramilitar de brazaletes con las siglas "QHJ" (¿Qué
haría Jesucristo?, en Florida incluso en castellano). Intempestivas y
desafortunadas opiniones que interpretan en clave partidista y unívoca la
respuesta que Jesucristo podría ofrecer a sus seguidores.
Desde una perspectiva europea, todo ello
denota el trasunto de la extendida percepción estadounidense de pueblo
elegido y tierra prometida, como hebreos del Antiguo Testamento. Incluso
hay quién se cuestiona si Dios es norteamericano. En ocasiones, los
conservadores en USA actúan como ungidos por la divinidad con la Verdad
absoluta. El fundamentalismo que combaten (el islámico ahora, el comunismo
antes), se efectúa con una visión igualmente intolerante y fanática por
parte de algunos máximos dirigentes, que se consideran “cruzados” del Bien
categórico contra el Mal absoluto.
Somos mayoría en el mundo quienes creemos
que, en una verdadera democracia y con el pleno respeto a la libertad
religiosa (de creer o no creer), solamente cabe proponer claves éticas
para guiar los pasos de cada ciudadano ante sus problemas cotidianos. Cada
uno puede elegir en quién se inspira para tomar sus resoluciones. Para los
creyentes cristianos, Jesucristo respeta el libre albedrío personal, al
tiempo que nos ofrece criterios de ayuda en nuestras decisiones.
Jesucristo no es una mala opción, creemos
muchos; mas es difícil discernir con certeza cómo obraría Jesús en cada
ocasión. La suya fue una revolución salvadora basada en el amor y la
esperanza. Su mensaje evangélico de amor fraterno es grandioso, pero
persiste la incertidumbre de cómo acertar en cada caso.
En cada situación podríamos traducir el
"¿Qué haría Jesucristo?" por el equivalente ¿Qué haría una persona que ama
a todos?" Jesucristo nos instó a amar aun en difíciles circunstancias
(Lucas 6:27-33). “El amor se sacrifica y no exige recompensa; sólo el amor
trasciende y nos trae una paz verdadera”. La injusticia crea conflictos;
pero también es cierto que toda contienda puede hallar una solución
pacífica, no violenta, de restitución de la verdad y de la justicia
política, económica y social.
No es verosímil que Dios apueste por
soluciones bélicas, ni guerras santas. Las citas bíblicas que abogan por
el entendimiento son innumerables: "Busquemos, pues, lo que contribuye a
la paz y nos hace crecer juntos” (Romanos 14, 17-19). El amor es el punto
de partida de todo, con un querer que no excluya a nadie. No basta amar a
familiares y amigos, ni a los de nuestra religión, etnia o grupo social.
Derribemos los muros de prejuicios que nos hacen indiferentes ante el
dolor ajeno, porque la pasividad siempre será culpable. Si anhelamos la
paz, debemos practicar el amor hacia todos como si fuesen hermanos
nuestros. Eso haría Jesucristo. Y nosotros somos las manos de Dios en la
Tierra.
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