4. Los cristianos en el mundo.
Miguel Rivilla San Martín, Pbro.
Hoy en día en España, da vergüenza ser cristiano.
Para contrarrestar esto, comparto la “CARTA A DIOGNETO”, un precioso
escrito del siglo II -III. Bellas y hermosas palabras, que constituyen un
perfecto retrato del cristianismo primitivo.
Según una reciente encuesta, hoy en
España, no está muy bien visto el manifestarse en público como cristiano.
Existe, llamémoslo así, un cierto pudor o vergüenza a significarse como
tal. Quizás influya un falso respeto humano o una ignorancia de lo que
encierra en sí la condición de cristiano en medio de una sociedad
secularizada, donde sólo cuentan los valores materiales. Para
contrarrestar de algún modo tan penoso y cobarde comportamiento de muchos
vergonzantes-cristianos, me ha parecido oportuno dar a conocer un precioso
escrito del siglo II -III, titulado CARTA A DIOGNETO, que es “uno de los
documentos más bellos de la literatura cristiana. Su contenido revela a un
hombre de fe ardiente y vastos conocimientos, un espíritu totalmente
imbuido de los principios del cristianismo. Su lenguaje rebosa vitalidad y
entusiasmo“ (Quasten). Se trata de una apología del cristianismo en forma
de carta dirigida a Diogneto, eminente dignidad pagana. Se atribuye a
Cuadrato o Arístides y el destinatario podría ser el tutor del emperador
Marco Aurelio. La fecha de su composición, según los entendidos, data del
siglo III.
En este escrito, el autor pinta en
términos brillantes la superioridad del cristianismo sobre la necia
idolatría de los paganos y sobre el formalismo externo de los judíos. He
aquí la trascripción de la mayor parte del contenido de esta preciosa
carta, que, indudablemente, se presta a seria reflexión y comparación con
el cristianismo actual.
“Los cristianos no se distinguen de los
demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje ,ni por el
modo de vida. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un
lenguaje insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema
doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de
hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en
autoridad de hombres.
Viven en ciudades griegas y bárbaras,
según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del
país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y ,sin embargo,
dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos,
increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte
en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda
tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en
tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se
deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el
lecho.
Viven en la carne, pero no según la
carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el cielo. Obedecen
las leyes establecidas ,y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a
todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da
muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos;
carecen de todo ,y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve
de gloria; sufren detrimento en su fama ,y ello atestigua su justicia. Son
maldecidos ,y bendicen; son tratados con ignominia ,y ellos, a su vez,
devuelven honor. Hacen el bien, y son tratados como malhechores; y, al ser
condenados a muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos
les combaten como extraños, y los gentiles los persiguen, y, sin embargo,
los mismos que les aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.
Para decirlo en pocas palabras: los
cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en
efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también
los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo.
El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos
viven en el mundo, pero no son del mundo.”
Bellas y hermosas palabras, que
constituyen un perfecto retrato del cristianismo primitivo.
Ante este espejo nos deberíamos mirar los
cristianos actuales y contestar con la mano en el pecho si nos parecemos
algo a los primeros cristianos. En el fondo ,quien se avergüenza de ser y
mostrarse como cristiano en público, es por que en su interior es y se
siente un mal cristiano.
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