5. Paradoja para la congoja
Mikel Agirregabiria Agirre
Una simple y eficaz terapia para superar nuestros
temores en la vida cotidiana.
El concepto “intención paradójica” queda
expresado perfectamente en los mismos términos del binomio. Es un truco
básico que inicia una acción esperando su efecto contrario, como que nos
pidan que no pensemos en un elefante rosa que camina bípedamente:
Inmediatamente es imposible que no lo evoquemos con nitidez.
Otro ejemplo de “intención paradójica”
tomado de la experiencia familiar consiste en prohibir la biblioteca
principal a los niños de la casa, con la sana intención de que lean de
todo. Cuando ellos crecen nos devuelven esta jugada recomendándonos que no
accedamos a la trivial “literatura infantil”, con el resultado de
impelernos a descubrir a autores como JK Rowling, futura Nobel de
Literatura y creadora de esas -nada insignificantes- aventuras de un tal
Harry Potter.
El concepto científico de “intención
paradójica” proviene de una técnica psicológica que fue descrita por
Erikson y Frankl, en 1973, para el tratamiento la ansiedad de
anticipación. Es una sorprendente curación, basada en enfrentarse
directamente a lo temido para superarlo. Se recomienda a los insomnes
permanecer despiertos toda la noche y a los tartamudos iniciar cualquier
frase repitiendo la primera sílaba.
Ante los miedos, la reacción típica es
desear “huir”. El esfuerzo por evitar el problema que se avecina provoca
mayor ansiedad, como el estudiante que teme realizar un mal examen y que
con su desasosiego propicia un mal rendimiento. A través de la intención
paradójica, se anima a “desear que suceda” lo que se teme. Siendo
mutuamente excluyentes un deseo y un temor, se supera la situación.
Cuando nos angustia una cita comprometida
o un reto como hablar en público, resulta oportuno que unos segundos o
días antes imaginemos qué es lo peor que podría pasarnos, en lugar de
esperar a que la aprensión y el temor se vayan apoderando de nosotros en
un previsible círculo vicioso, que empeorará aún más nuestra disposición.
Nada es más paralizante que el miedo al propio miedo. Con frecuencia, se
da la paradoja de sólo podremos resolver los problemas cuando creemos que
no son problemas. Las dificultades, como las soluciones, si se creen… se
crean.
Esta técnica paradójica fue propuesta por
Víctor Frankl, célebre psicoanalista austriaco de origen judío, que
sobrevivió a campos de concentración como Auschwitz, y fundador de la
logoterapia. Con órdenes contradictorias cortocircuitaba la reacción
automática de procesos obsesivos, en lugar de la recomendación habitual de
apartar la fobia, que puede contribuir a su mantenimiento y perpetuación.
La intención paradójica cura el miedo. Si, a propósito, intentamos
tenerlo, no podremos. Por ello, este método se ha aplicado en
entrenamiento de deportistas de alta competición, como ajedrecistas, junto
con otras fórmulas conductistas para vencer a la ansiedad previa a los
torneos.
Según Frankl la esencia de la “intención
paradójica” se basa en recurrir deliberadamente al sentido del humor. La
intención paradójica nos enseña a reírnos de nosotros mismos y ridiculizar
nuestros propios temores. Se basa en la maravillosa virtud del ser humano
de trascender de sí mismo, como expone en su obra “El hombre en busca de
sentido”.
Este tratamiento es valioso, a pesar de
su aparente simplicidad, siempre que sea debidamente supervisado por un
psicólogo. No debe aplicarse indiscriminada o arbitrariamente, pero su
conocimiento nos permite entender mejor el funcionamiento de la mente
humana. Así que ahora mismo, tras esta lectura propóngase ser totalmente
desdichado con su historia personal. Trate de no apreciar lo que le rodea,
de no compartir nada de su vida con nadie. Abandone la búsqueda de la
felicidad, e intente ser infeliz. Verá que no lo consigue.
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