6. ¿Terrorismo doméstico? No, gracias.
Es muy fácil hablar de llevarse las manos a la
cabeza con el número de las víctimas, hablar de “terrorismo doméstico” o
poner pulseritas a los agresores… Pero es necesario un enfocar las cosas
desde su justa perspectiva para tomar medidas justas y precisas, que vayan
a las causas reales del problema.
Si uno escribe las palabras “violencia
doméstica” en el buscador de Internet Google, en 0.16 segundos encuentra
138,000 referencias. En MNS en español aparecen 35,650 artículos
relacionados… Aunque no sea un tema que guste a todos, lo cierto es que se
ha convertido en un foco de gran interés para la opinión pública.
En general, el enfoque de la así llamada
“violencia doméstica” tiene más o menos los mismos dos ejes conductores:
El primer eje es la búsqueda de la
igualdad. La violencia doméstica se presenta como consecuencia del
machismo exacerbado que impera en nuestra sociedad. Desde esta
perspectiva, los hombres serían una especie de tiranos y maltratadores en
potencia, de los que es preciso defenderse o al menos tratar con
precaución. La culpabilidad de los hombres se presume de tal forma, que
países como Suecia están empezando a proponer un impuesto especial para
varones, con el fin de sostener el sistema de seguridad y protección de
las mujeres.
Bonita forma de conseguir la igualdad…
así que, para luchar contra el machismo, colgamos el letrero de
“culpables” a todos los hombres, sin importar que con ello pisoteemos el
derecho que los códigos penales solían reconocer a todos los ciudadanos:
el de ser considerados inocentes hasta que se demuestre lo contrario. ¿No
es esto una forma peor de discriminación por razón de sexo? ¿Dónde está la
igualdad? Si yo fuera un hombre sueco y tuviera que pagar estos impuestos,
desde luego que se me soltaría la mano de vez en cuando con la compañera
de turno… por aquello de “amortizar” la inversión hecha. Si a fuerza pago,
por lo menos, pego…
El planteamiento de fondo es más serio
aún que lo absurdo de la propuesta sueca. ¿Cómo será posible eliminar la
violencia si se parte de una interpretación dialéctica de la relación
entre hombre y mujer? La igualdad será posible si la dejamos de perseguir
como un equilibrio forzado entre contrarios, y buscamos una base más
sólida y más acorde con la dignidad del hombre y de la mujer.
El segundo eje del enfoque general es el
deseo de protección de las víctimas. Esto se podría resumir en 3 reglas de
oro:
La mejor forma de evitar la violencia: la
denuncia a tiempo.
- Los mejores amigos: los abogados y los
policías.
- Los medios para prevenir: las órdenes
de alejamiento, la inmediata detención, la teleasistencia a las víctimas…
Sin embargo, como denunciaba el mismo
Consejo General del Poder judicial en España, quizás no se esté midiendo
suficientemente el peligro de criminalizar los conflictos familiares. La
injerencia del Estado en el ámbito privado debe ser minimizada al máximo,
so pena de violar la privacidad y autonomía de las familias. Por otro
lado, las medidas propuestas en general son dirigidas a evitar las
consecuencias desastrosas de la violencia, pero se echa de menos un
afrontamiento serio de las causas reales del problema.
¿Cuáles deberían ser entonces los ejes de
una política realmente justa contra la violencia doméstica? Apuntamos
tres:
- Aplicar todo el peso de la ley a los
violentos y criminales. Los delitos de violencia de cualquier tipo ya
están contemplados en los códigos penales de cada país.
- Afrontar las causas reales del
problema: el aumento de la violencia, la falta de valoración de la
dignidad del hombre y de la mujer, la pobreza… Es necesaria una acción de
fondo en la educación y la opinión pública.
- Ayudar a la familia para que sea lo que
tiene que ser: ámbito de paz, no de violencia. Para ello, políticas de
ayuda y fortalecimiento del matrimonio, mejora de las condiciones de
vivienda y de salud...
Es muy fácil hablar de llevarse las manos
a la cabeza con el número de las víctimas, hablar de “terrorismo
doméstico” o poner pulseritas a los agresores… Pero es necesario un
enfocar las cosas desde su justa perspectiva para tomar medidas justas y
precisas, que vayan a las causas reales del problema.
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