7. Dios en el debate
Kerry y Bush están usando a Dios para conseguir
votos. Tengo la impresión de que cada uno tiene su propio dios según se
conveniencia.
Me refiero al dios de los
norteamericanos, que no termino de entender qué dios es, si es el mismo
para todos o cada quién tiene el suyo. Sí sé cual es el dios de Bush
porque nos lo ha repetido hasta la sociedad. Se trata del dios del más
Antiguo Testamento, en la época en que Dios era guerrero, protagonizaba
las batallas y se enfadaba cuando sus huestes las perdían. Ese es el mismo
dios de Bush, que patrocina todas las guerras norteamericanas y casi todas
las pierde, o no las gana del todo.
Kerry y Bush, en su debate personal para
optar a la presidencia del país más poderoso del mundo, han traído al dios
de cada cual a la palestra y nos hemos percatado que no se trataba del
mismo dios. Al menos a mí me dio esa sensación. Así que, de ahora en
adelante ya no sé cuál es el dios que salva a América (God Bless América)
si es que hay alguno que tiene intención de salvarla.
Me ha causado mucha gracia que Kerry,
católico, haya tenido que recurrir a su dios de monaguillo para convencer
a los votantes de que es distinto al de Bush. Aunque es verdad que Kerry
parece tener un dios más universal, no solamente porque lo nombró más
veces que su contrincante, nueve a cuatro, sino también porque lo trató
como al “ser superior”, quizá para que no se molestara esa mínima cantidad
de votantes que no son cristianos, porque, la verdad sea dicha, la mayoría
de los norteamericanos son cristianos, vale decir, protestantes y
católicos. Y dicen los expertos que Kerry busca votos entre los “otros
americanos de fe”, menos evangélicos pero no menos convencidos de que “un
presidente debe creer en Dios y más vale que sea cristiano”.
Al parecer, a muchos católicos tampoco
les gusta el dios de Kerry. Cuando Kerry apeló a su dios lo hizo con la
diplomacia política del caso: se refirió al dios de la niñez, al dios al
que se acercan los monaguillos, a un dios conservador, porque parece ser
el dios que proporciona los votos a los creyentes presidentes
norteamericanos, muy pocos católicos hasta ahora, la verdad. Kennedy, sin
duda, fue el más significativo.
Pues nada, en estas andamos por todos
lados, en la sacralización de la política. Ahora también en la
sacralización del voto. Hasta los obispos, norteamericanos,
latinoamericanos, europeos y demás exigen a los suyos a votar por el
candidato que cree en su dios. Sería preferible que de una vez
convirtiéramos a las religiones en partidos políticos para no caer en el
desengaño. Y luego hablamos de un mundo desacralizado y laicista. Yo más
bien pienso lo contrario. Lo que ocurre es que ya no sabemos en que dios
oficial creer a la hora de votar.
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