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8. El Papa fichado por la Ferrari

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

Nada menos que un Ferrari Fórmula 1 es el regalo que Luca Cordero di Montezemolo, le va a hacer a Juan Pablo II. “Quiero rendir homenaje a los 26 años de actividad de un gran pontífice...” Pues si él lo dice...

Si no era suficiente con Michael Schumacher y con Rubens Barrichello ahora aparece en la nómina de la Ferrari Juan Pablo II, que en este caso prefiero nominarlo con su nombre de pila, Karol Wojtyla, para que no se me empañe el asunto.

Nada menos que un Ferrari Fórmula 1, eso sí, acomodado a las circunstancias y a las dimensiones papales, pero todo el resto con certificado de garantía de marca, es el regalo que Luca Cordero di Montezemolo, conocido más como presidente de la Ferrari le va a hacer a Juan Pablo II.

Parece que a Karol Wojtyla eso de los Ferraris le va, como le va todo lo de viajes, desplazamientos, aire libre, deportes, riesgo, velocidad. Lo ha confesado el presidente de la Ferrari: “Tuve el honor de encontrarme con Su Santidad dos veces, una como organizador del Mundial de Fútbol del 90, y otra sobre la pista de Fiorano en el 89, cuando dio una vuelta sobre una Ferrari Spider. Como entonces ésos eran momentos en los que Ferrari no tenía tantos éxitos, lo mínimo que puedo hacer ahora es preparar un modelo especial de Ferrari Fórmula 1 para el Papa, consciente de que en comparación con esos años, hemos dado pasos hacia delante; el vehículo no será blanco -color que normalmente utiliza el Papa-, sino rojo”.

Rojo. Rojo Ferrari. Rojo Schumacher. Rojo Barrichello. Rojo por donde lo pongas. No es bueno, en estos momentos estelares de triunfo, cambiar el rojo Ferrari por el blanco papal. Así que todo esto, además de regalo, suena a publicidad sacralizada. Nada extrañaría que el dueño de la Ferrari, de ahora en adelante, exigiera a sus pilotos algún certificado de buena conducta, de comportamiento individual además de comportamiento profesional, para que no desdigan del nuevo tono triunfal y papal de la Formula 1.

Pienso que Karol Wojtyla no podrá subirse a este Fórmula 1 hecho a su medida, y muchísimo menos conducirlo, por lo evidente. Pero algún provecho podrá sacársele al vehículo. Para eso están los expertos en las finanzas vaticanistas o en las caridades que se realizar gracias a la alta velocidad sobre las cuatro ruedas. Las intenciones de Luca Cordero parecen no admitir más trampa de la evidente: “Quiero rendir homenaje a los 26 años de actividad de un gran pontífice, en particular por la enseñanza del Papa en función de la actividad económica y cívica de todos los empresarios”.

Pues si él lo dice, que de eso entiende, por algo será. Asegura que ha seguido los consejos de Su Santidad y que tales consejos lo han llevado hacia el éxito de las manos conductoras de Schumacher y de Barrichello. Ahora también de la mano de Juan Pablo II.

 
 

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