1. “Matrimonio” entre homosexuales (1)
Alejo Fernández Pérez
Nuestra sociedades, están hartas de problemas
ficticios que no existen más que en las mentes calenturientas de algunos
progres -¿pero son progresistas?- y políticos, cuya única meta es el
poder. La legalización de matrimonios entre homosexuales no es más que un
eslabón de una larga cadena, una escaramuza que no tiene más objeto que
despistar al personal sobre una guerra mucho mas amplia y trascendental:
La destrucción de la civilización cristiana occidental
En los países occidentales más progres y
ricos se ha desatado una carrera: la de quién legaliza antes a las uniones
de homosexuales, equiparándolos en todos los aspectos, incuso los
económicos, con los matrimonios normales: los de toda la vida, los de uno
con una y para siempre.
Parece que una minoría bien organizada se
ha empeñado en cargarse el mejor tesoro que tiene la sociedad: la familia.
Para ello, el mejor camino es desprestegiar, banalizar y prostituir al
matrimonio. Llámense como quieran a estas uniones entre homosexuales, que
siempre han existido, regúlese como se quiera, pero jamás sean llamadas ni
equiparadas al “matrimonio” de verdad. En Alemania las llaman :
“Sociedades de Vida Registrada”.
En ninguna otra época como en la actual
se ha aceptado el hecho de la homosexualidad con tanta comprensión como
hoy. Lo que la Iglesia y la sociedad condenan en los homosexuales es lo
mismo que condenan en los heterosexuales: el uso del sexo fuera de los
límites de toda razón y moral , el engaño disimulado y la degeneración
social. Y esto sí lo están imponiendo las mayorías políticas dominantes de
media Europa, no la Iglesia, ni la sociedad. ¿Dónde está la tan cacareada
demanda social en que se escudan los políticos?.
Nuestra sociedades, están hartas de
problemas ficticios que no existen más que en las mentes calenturientas de
algunos progres -¿pero son progresistas?- y políticos, cuya única meta es
el poder. En principio, se procede a una liquidación general de los
prestigios valiosos, única forma en que los “bajitos” podrán sobresalir. Y
el matrimonio goza universalmente de un inmenso prestigio.
Afortunadamente, gran parte de la
sociedad y la Iglesia no se rigen por modas, no se venden por unos votos
más o menos y no se doblega por presiones de ningún foro. Otra cosa es que
buena parte de nuestra sociedad se haya empantanado tanto en sus
costumbres y moral que aquí nadie sabe ya lo que es bueno o malo. Todo
vale. Lo realmente vergonzoso y lamentable es que se haya elevado a la
categoría de dogma, lo que no pasa de ser una vulgar degradación moral,
social y política.
Supongamos que se aprueban estas leyes.
Por las mismas razones, a continuación, se exigirán leyes análogas para
tres o más homosexuales. ¿Por qué no para dos o tres personas normales,
sin enredos sexuales, que convivan juntas por motivos económicos, de
trabajo o amistad? ¿Por qué no para ancianos jubilados que viven solos y
no pretenden más que compañía? Al fin y al cabo lo que más importa son las
subvenciones económicas, lógicas en familias que tienen o pueden tener,
criar y mantener hijos; pero absurdas en los demás casos. Sin embargo,
repita Vd. una tontería o barbaridad 1,000 veces todos los años y, al
final, aparecerán mentes sesudas que justificarán cualquier cosa. Y,
siempre en nombre de la libertad, de la democracia, de la paz, de la
justicia y de la solidaridad. ¡Faltaría más!
La Iglesia, recordaba recientemente que
«los hombres y mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con
respeto, compasión y delicadeza». Pide, al mismo tiempo, evitar «todo
signo de discriminación injusta». ¿Por qué se ocultan estas afirmaciones
en los medios de difusión? Son esos medios poderosos de difusión y presión
que sirven a ideologías conocidas: fracasadas unas y vigentes otras.
La legalización de matrimonios entre
homosexuales no es más que un eslabón de una larga cadena, una escaramuza
que no tiene más objeto que despistar al personal sobre una guerra mucho
mas amplia y trascendental: La destrucción de la civilización cristiana
occidental. Un marxismo trasnochado fracasó estrepitosamente en el
intento, pero algunos aún no se han enterado; un capitalismo en continua
adaptación a los problemas sociales puede ser igual de peligroso. ¿Quién
manda hoy? Unos dicen que los EE.UU., otros que el pueblo judío con su
inmenso poder, otros se decantan por las nuevas ideologías sobre la
Globalización, la Nueva Era… que juntas con las numerosas sectas,
religiones y ONGs hacen que importantes gobiernos nacionales, grupos
sociales de todo tipo, obreros, gays, universitarios, sindicales y otros
se limitan a bailar -aunque ellos crean otra cosa- al son que les toca una
media docena de personas, casi ninguna política, situadas en el vértice de
la pirámide del poder mundial.
Desgraciadamente, hablar del pensamiento
cristiano y de recta razón a quienes no se mueven más que por el odio, el
rencor, los votos, el poder o las riquezas es como arar en el agua. El
pueblo, que no es tan tonto como creen ciertos políticos, y sí conoce el
valor de la familia y del matrimonio. Difícilmente permitirá que “le den
gato por liebre”
Buena parte de la clase política ya está
demasiado desprestigiada, denigrada, infamada,… No les vendría mal un
gesto de valor, de honestidad y de decencia política, negándose, por una
vez, a ir por caminos equivocados. ¡Y ellos lo saben! Además, ¿quién
conoce a algún político de relieve, que haya dado uno de sus hijos o hijas
para ser adoptado por una de estas parejas?
Anotemos una
información esclarecedora, extensible al resto de España -Véase el
periódico HOY del 23-10-2002-: Se nos dice que en Extremadura hay 3,200
parejas registradas ,de ellas 196 parejas de hecho, de las que 188 son
heterosexuales y 8 homosexuales,… Otra vez, “El parto de los montes”.
¿Qué es lo que realmente se pretende? ¿Saben realmente nuestros políticos
lo que hacen y sus consecuencias? ¿Para esto tanta bulla? ¿Quién podría
contestar?
A nivel mundial,
pregunten a Rockfeller. En España pregunten a Polanco. El primero
contestará con una sonrisa burlona; el segundo con un : ¡Niño, esas cosas
no se preguntan! Sólo nos resta un poder en el que podemos confiar contra
todas estas fuerzas y legislaciones: el de Cristo y su Iglesia. El
dijo: “ El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán”. A
lo largo de 2,000 años ninguna fuerza ha podido doblegar a su Iglesia. Los
cadáveres de quienes lo intentaron han quedado en el camino de la
historia. La Iglesia se levantó siempre, curó sus heridas y sigue su
camino.
|