2. “Matrimonio” entre homosexuales (2)
Alejo Fernández Pérez
No nos engañemos, los gobernantes socialistas
españoles y sus acólitos se limitan a aplicar las directrices
internacionales que emanan de fuertes grupo secretos de presión, cuyos
intereses tienen poco o nada que ver con los de España. El caso de los
homosexuales es sólo un eslabón más de una cadena mucho más larga, donde
unos y otros son peones de un juego en el que somos simples espectadores.
Zapatero dixit: Los progres hemos
decidido, tras largas deliberaciones y sin necesidad de consultar a nadie,
que las uniones entre homosexules se llamarán “Matrimonios”. ¡Amén¡ ¡Si
Señor!. Y dígannos ¿Por qué a nadie nunca jamás se le ocurrió tal sandez?
¿Por qué nunca jamás, en los últimos tres mil años de historia mundial,
nadie en ningún país, tuvo una mente tan privilegiada ni una idea tan
brillante, como para parir un engendro tal? -¿o fue un aborto?-. El simple
hecho de discutir esta idea da náuseas. De ahora en adelante, gracias a
los nuevos libertadores, podremos llamar a los ujieres del congreso
ministros, a los bedeles de Institutos, catedráticos, a los cabos primero,
generales; a los monaguillos, obispos y a los alcaldes, Presidentes de sus
Comunidades. Así, nadie sabrá quien es quien. Todos seremos iguales
devaluando, previamente, a generales, ministros, obispos y catedráticos.
Todos tenemos los mismos derechos. De obligaciones ni se habla ¿p’a qué?
Según el proyecto de ley ese matrimonio
será el único contrato del Código Civil en el cual el incumplimiento de
los deberes, que casi no existen, no conllevará pena alguna. O sea, que
será más penado incumplir el contrato de compra-venta de un mulo o de un
coche que el contrato matrimonial. ¿Por qué no se dice que los matrimonios
entre homosexuales no suelen de durar, como promedio, más de 18 meses? ¿Y
los demás? ¿Nos hemos vuelto majaretas? Basta repetir mil veces los
“beneficios” que nos reportará el matrimonio homosexual, utilizando mucha
palabrería de libertad, justicia, igualdad,… para que un pueblo mansurrón
siga obediente la consigna de cualquier pancarta .
En la actualidad nadie se preocupa de lo
que hacen o dejen de hacer los homosexuales en sus vidas privadas.
Seguirán como siempre: uniéndose o separándose cuando les plazca y a la
mayoría nos traerán al fresco sus tendencias. Entonces ¿por qué usurpar un
nombre que no les corresponde, causando un grave daño a otros grupos
sociales mucho más numerosos? Posiblemente porque alguien ha visto en este
grupo un nido de votos y a dicho: ¡A por ellos, como sea y al precio que
sea! Se les adjudicará el nombre de matrimonio pese a quien pese; se
heredarán unos a los otros, aunque este privilegio no se les otorgue a
unos viejecitos que vivan juntos, y serán gravemente sancionados todos
aquellos que los “miren mal”. Por supuesto, la vida de los homosexuales
les importa un comino, lo único que les importa es utilizarlos, halagarlos
para, con la suma de sus votos, alcanzar o continuar en el poder. Los
votos homosexuales les han salido bastante baratitos. Este problema
artificial, sacado de la manga, servirá para encubrir o disimular los
verdaderos problemas a los que son incapaces de hacer frente.
Además, matan a dos pájaros de un tiro
porque igualando -aunque solo sea de nombre- al matrimonio de homosexuales
con el normal, el de toda la vida, habrán conseguido devaluar seriamente
al Matrimonio de verdad; y con él a la familia, que ya va cuesta abajo a
toda velocidad entre divorcios, sexo y telebasura. Añadamos la trituración
de la enseñanza, apuntillada para muchos años; los esfuerzos por eliminar
a la Iglesia católica de la sociedad, y comprobaremos que los “nuevos
progresistas” no pretenden más que destruir a nuestra ancestral cultura
judeo-cristiana a toda costa. Pero ¿Por qué? ¿Por un puñado de votos , por
el poder, por miedo a ciertos grupos de presión, por simple miopía mental,
por …..?
No nos engañemos, los gobernantes
socialistas españoles y sus acólitos se limitan a aplicar, obedientes, las
directrices internacionales que emanan de fuertes grupo secretos de
presión, con un poder internacional indudable y cuyos intereses tienen
poco o nada que ver con los de España. Algún día tendremos que hablar de
ellos. Algunas de estas ideologías o directrices son las mismas de hace
casi un siglo, un poco añejas ¿no?. El caso de los homosexuales es sólo un
eslabón más de una cadena mucho más larga, donde unos y otros son peones
de un juego en el que somos simples espectadores. ¡Puritita democracia, no
más! , que diría Cantinflas.
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