5. Crítica entre alabanzas
Mikel Agirregabiria Agirre
Sugerencias para dosificar un doble y eficaz
recurso comunicativo: el elogio y la censura.
Muchas de las
recomendaciones pedagógicas son válidas también para la vida cotidiana.
Los juicios que
emitimos o que recibimos son elementos clave para mejorar nuestra
comunicación interpersonal, alcanzando con ello una mejor calidad de vida
y procurando la felicidad a los demás y a nosotros mismos. Actualmente se
juzga constantemente sobre hechos que ocurren en nuestro entorno, a veces
con gran ligereza y acritud, con comentarios que prodigamos
despreocupadamente sin evaluar sus repercusiones inducidas.
La experiencia docente nos enseña cómo
prescribir con generosidad y eficacia las alabanzas, y cómo recurrir a las
críticas con suma prudencia y decidido positivismo. Los años nos enseñan
que, antes de emitir cualquier juicio de valor, se han de cumplir cuatro
requisitos que conviene recordar en toda ocasión.
1º OPINIÓN NECESARIA. El juicio que
dirijamos a otra persona sobre su conducta (o la sanción positiva o
negativa, premio o castigo) debe ser estrictamente oportuno y estar
fundamentado en alcanzar su bien, y no por el nuestro. No se puede
criticar a otros para mejorar nuestra posición o para acallar nuestra
envidia, sino en la búsqueda de su reflexión o rectificación para procurar
su beneficio.
Evitemos la habitual autocrítica,… de
culpar a los demás. Todos tememos ser juzgados, porque, en realidad,
tenemos más virtudes de las que creemos, y menos defectos de los que nos
atribuimos. Los educadores decimos que los escolares necesitan más modelos
que críticos, y esto reza para todas las personas. El mejor consejo es un
buen ejemplo.
2º CENSURA CONSTRUCTIVA. La censura debe
ser constructiva y preferentemente en privado, relativa a un
comportamiento o actitud, y sin descalificar nunca a la persona a quien se
reprocha. Puede y debe criticarse algo que tenga enmienda, si es el
momento oportuno (cuanto antes mejor, generalmente) y si cabe esperar un
resultado de mejora o para reconducir una conducta; no únicamente para
culpabilizar al otro o vanagloriarnos de nuestra supuesta superioridad.
Huyamos de la personalidad de un fiscal
acusador y actuemos distantes de prejuicios. Sepamos que un crítico puede
llegar a ser constructivo, pero nunca será objetivo. En caso de que
nuestro comentario o percepción sean negativos, habrá que exponer nuestras
razones y ofrecer una explicación lo más racional posible para justificar
nuestro criterio.
3º ALABANZA OPORTUNA. El elogio debe ser
verdadero, medido y en público. La alabanza merecida mejora la autoestima
de cualquier persona y le ratifica como guía de su acierto. Una pauta
interesante es decir algo agradable de vez en cuando, especialmente a
quien no se espera el halago. Recordemos que alabar es más difícil que
censurar y que el elogio debe surgir de la admiración. Obviamente, nunca
jamás alabanza propia, que siempre apesta y envilece.
Para evitar sentirnos obligados a una
alabanza inmerecida o a una crítica innecesaria cuando nos solicitan un
encomio, lo que desacreditaría nuestra futura ponderación justa, una
estrategia oportuna es devolver la pregunta. Por ejemplo, cuando un hijo o
un alumno se acercan para preguntarnos si nos gusta su dibujo, o un
colaborador nos pide nuestra valoración, en caso de que creamos que pueden
perfeccionarlo podemos rebotarles la cuestión y pedirles que nos digan su
opinión sobre si lo creen mejorable o no.
4º REPARTO 3 A 1. Una indicación final
aconseja que cada crítica se efectúe acompañada de dos elogios, antes y
después de la corrección, y de una autocrítica final. El primer cumplido
hacia la intención plausible que pudo originar el error reprendido, y un
posterior halago de confianza hacia la persona que sabrá rectificar o
analizar la situación tras la crítica. La autocrítica final debe mostrar a
quien reprende en la posición ética de comprensión del amonestado, por la
propia flaqueza de quien juzga. Un reproche trata de convencer y no de
vencer. Por ejemplo: “Sé que pretendías mejorar tu rendimiento (elogio),
pero ese sistema es incorrecto (crítica) como seguramente ahora
comprenderás (elogio). Saberlo, a mí me costó mucho más que a ti
(autocrítica)”.
Elogiemos cada pequeño progreso. Seamos
calurosos en la aprobación, generosos en los encomios y medidos en la
crítica. A todo el mundo le agrada un elogio, la más dulce de las músicas.
Mark Twain decía “Puedo vivir de un elogio durante dos meses”. Una sola
palabra de aprecio es capaz de levantar el ánimo más decaído. El mejor
régimen alimenticio para todos es, a fin de cuentas, la alabanza. Consejo
final: Elogiemos a tres personas cada día; sólo después, quizá, tengamos
la venia para criticar algún acto censurable.
|