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7. Morir

Felipe Santos, SDB

La muerte es el término natural de la vida terrestre aunque pueda parecer injusto. Cristo se ha expresado poco acerca de la muerte física. Los cristianos creen que después de la muerte, viven con Dios para siempre. Nuestro cuerpo no existe ya, pero gracias a Jesucristo -muerto y resucitado-, pasamos también nosotros de la muerte a la vida con Dios. El es el camino que conduce al Padre.

La muerte es el término natural de la vida terrestre aunque pueda parecer injusto. Para los familiares, supone una ruptura dolorosa y a veces trágica. Frente a la muerte, es difícil expresarse. Ante la desesperación, siempre se siente uno pequeño.

Ninguno de los vivos tenemos experiencia de la muerte. La única que poseemos es aquella que consiste en dar por concluido el camino de la vida.

Cristo se ha expresado poco acerca de la muerte física. Simplemente ha afirmado que la vida que él daba, es decir la vida eterna, no se altera con la muerte.

Los cristianos creen que después de la muerte, viven con Dios para siempre. Nuestro cuerpo no existe ya, pero gracias a Jesucristo -muerto y resucitado-, pasamos también nosotros de la muerte a la vida con Dios. El es el camino que conduce al Padre.

El duelo acompaña a la muerte. Cada uno de nosotros lo encuentra en su camino, día tras día. Afecta a nuestro ser completo a causa del lazo personal con la persona fallecida.

Este lazo se rompe, se experimenta el vacío y la ausencia. Hay que aprender a vivir de otro modo. Cada persona hace su camino de duelo a su manera.

En un primer tiempo, hacer el duelo es enfrentarse con un shock, tomar conciencia de la realidad del “nunca más”. Es preciso vivir el abandono, la pérdida.

Hacer duelo o luto no es olvidar a la persona desaparecida, sino aceptar un proceso natural que se pone en marcha. También es darse balizas. El trabajo del luto se hace lentamente. Es responsabilidad nuestra, pues nadie podrá hacerlo en tu lugar.

Ayudar a alguien a llevar su luto, no es ni minimizar, ni querer atenuar sus sufrimientos, sino que es ayudarle a que los exprese y poco a poco a que llegue a aceptarlos.

El trabajo del luto comporta una dimensión espiritual. La persona enlutada dice a Dios que la prueba por la que atraviesa exprese sus cuestiones, sus incomprensiones, su cólera y le pide la fuerza del Espíritu para continuar la ruta y encontrar la paz.

La liturgia cristiana celebra los funerales de aquel que se ha sumergido en la muerte y Resurrección de Cristo en el día de su bautismo. Los manifiestan maravillosamente sus ritos.

La aspersión del cuerpo por el agua bendita recuerda que el bautizado es hijo de Dios, amado de Dios desde siempre. El cirio pascual simboliza a Cristo resucitado y significa la entrada en la luz de Dios.

Hoy, los laicos o seglares reciben la misión de preparar y animar la celebración de las exequias. Pueden igualmente, siguiendo los deseos de la familia, acompañarlos al cementerio.

Textos:

Salmo 129: “Desde lo hondo te grito, Señor, dueño mío, escucha mi voz. Estén tus oídos atentos a mi condición de gracia”...

Primera carta a los Tesalonicenses 4,13-14: “Acerca de los difuntos quiero que no sigáis en la ignorancia, para que no os aflijáis como los demás que no esperan. Pues, si creemos que Jesús murió y resucitó, lo mismo Dios, por medio de Jesús, llevará a los difuntos a estar consigo”.

Salmo 50: “ Misericordia, oh Dios, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa”....

 
 

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