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1. El mejor de los pontificados

J. Antonio Doménech Corral

El pasado día 16 Juan Pablo II cumplió 26 años al frente de la Iglesia católica; y ojalá continúe en su puesto hasta ser el primero de los 263 Papas habidos después de San Pedro.

Porque el suyo es el segundo pontificado, elegido por los hombres, más largo de la historia en la sucesión del apóstol Pedro que lo fue a dedo por el mismo Cristo. Posterior al de Pío IX (1846-1878) que figura el primero con 31 años 7 meses y 17 días de duración, al que podría darle alcance Juan Pablo II con 90 años de edad. Lo que tampoco resultaría extraño si tenemos en cuenta que León XIII (1810-1903) llegó a cumplir 93. En realidad, es ésta la única faceta en la que el Papa está pendiente de batir record; porque en todas las demás propias de un pontífice los ha ido batiendo ampliamente.

El que más viajes ha realizado fuera de Italia con visitas a la mayoría de países del orbe en los que dejado huella de su profunda sensibilidad social. En kilómetros ha supuesto 28 veces la circunferencia de la tierra y 3 la distancia entre la tierra y la luna. El que más encíclicas, exhortaciones, constituciones y cartas apostólicas ha escrito -incluso 4 libros originales con el mayor éxito del mercado y otro próximo a aparecer- que superan 100,000 folios repartidos en 55 volúmenes. En ellos sobresale su personalidad de riguroso moralista pero a la vez comprensivo y compasivo de la condición humana. Cuando accedió a la sede de Pedro, el Vaticano mantenía relaciones diplomáticas con 85 países; ahora con 174 además de la Unión Europea, Federación Rusa y Organización para la Liberación de Palestina. Desde aquel lejano 22 octubre de 1978 en que realmente dio comienzo su actividad pastoral, ha recibido a 426 Jefes de Estado, reyes y reinas, 187 primeros ministros, 190 ministros de Asuntos Exteriores y 642 embajadores con sus credenciales. Ha concedido 1,500 audiencias a Jefes de Gobierno y más de 1,100 generales en las que han participado más de 17 millones de personas. Nombrado 232 cardenales y 3,300 obispos de los poco más de 4,300 que hay repartidos en el mundo. Canonizado 472 santos y beatificados 1,320 siervos de Dios. Sin dudarlo, es el suyo el pontificado más prolífico de la historia.

Sin olvidar, además, que Juan Pablo II es también el Papa cuya voz más veces ha sido escuchada en los foros internacionales. Siempre a favor de la paz. Y su mediación en los conflictos internacionales, la más solicitada; aún ahora, cuando ya se mueve lentamente sobre una silla de ruedas, ha perdido claridad su voz y encuentra dificultad para leer; teniendo que renunciar a celebrar la misa en las grandes ceremonias y resignarse a presidirlas sentado, mientras otro obispo lo hace en su lugar; aunque “sufriendo porque a veces le es difícil comunicarse”, según la curia vaticana.

Sin embargo, como escribe el famoso profesor estadounidense, George Weigel, autor de la biografía más completa sobre Juan Pablo II: “Ni esconde sus limitaciones ni las disimula; antes bien, las expone a los ojos de todos porque ha superado su dependencia física. Sabemos que el cuerpo es un envoltorio que se consume a medida que lo hacen las células; pero él no vive la vejez con la sensación de un final, sino como el preámbulo de una resurrección”.

Es verdad que no le faltan disidentes en muchas cuestiones que achacan a su conservadurismo que el Vaticano II no rindiera todo lo que se esperaba de este concilio; pero no lo es menos que, en una época en que la sociedad laicista está convirtiendo la religión en algo irrelevante y privado, el conservadurismo del pontificado de Juan Pablo II -centrado en la defensa de la dignidad de la persona y denuncia de la cultura de la muerte- resulta la mejor receta para cambiar este mundo de terror del siglo XXI que estamos viviendo.

 
 

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