4. Ideologías
Walter Turnbull
Un obispo argentino acusa a su gobierno de querer
desenterrar ideologías combativas y caducas de hace 30 años. En México,
personajes importantes todavía abrazan estas ideologías.
Una ideología (si bien entendí y bien me
acuerdo) es un sistema de creencias que abarca casi todos los aspectos de
la cultura (sentido de la vida, derechos humanos, religión, gobierno,
estructura social, economía, producción, familia, educación, arte,
recreación, etc.) normalmente basado, a su vez, en otras creencias
fundamentales, llamadas “premisas”, que normalmente son subjetivas y no
necesariamente demostrables. Por ejemplo, la ideología marxista parte de
las premisas de que la felicidad del hombre y el objetivo de su vida es el
disfrute de bienes materiales, que Dios fue inventado por el hombre y la
religión es una lacra que hay que erradicar, que la justicia social sólo
se obtiene por medio de la lucha de clases y la destrucción del orden
jurídico actual, que el hombre cambiará cuando cambie la sociedad, que la
libertad de la persona se debe sacrificar por el bien de la sociedad, que
la producción y la propiedad deben ser controlada por un gobierno que
represente a los obreros, etc... afirmaciones todas ellas completamente
cuestionables. La ideología “capitalista” (creo que el nombre correcto es
estructural-funcionalista) parte de las premisas de que la felicidad del
hombre y el objetivo de su vida es el disfrute de bienes materiales, que
el orden y la ley -sobre todo las del mercado- son indispensables para
alcanzar la justicia, que la proyección de la persona es más importante
que la salud de la sociedad, que el derecho a la propiedad privada es el
más importante, que el bienestar de la persona se puede sacrificar por el
bienestar de otra persona más hábil, que Dios existe, que la religión es
necesaria y que ambos -Dios y la religión- están de acuerdo con las
anteriores premisas, etc... afirmaciones idénticamente igual de
cuestionables. En ambos casos, la persona es sacrificable. Por estas
creencias se han organizado guerras, se han arrasado pueblos, se han
levantado muros y la gente se ha alejado de Dios. La guerra fría de la
segunda mitad del siglo pasado fue una guerra entre ideologías. Supongo
que también existe una ideología cristiana, con la diferencia de que esta
está basada en verdades reveladas por Dios.
Un obispo argentino -Argentina es
actualmente el ejemplo de lo que no queremos hacer y a donde no queremos
llegar- acaba de acusar a su gobierno por querer desenterrar ideologías
combativas, intolerantes, caducas, de los años 70’s. Y tiene toda la
razón. Se refiere precisamente a esas nefastas ideologías que hemos
mencionado y que tanto daño han causado a la humanidad.
Lo tenebroso de este asunto es que en
México hay gente muy importante que todavía navega a sus anchas en esta
mentalidad. Para ellos nadie es mexicano; todos son izquierdas o
ultraderechas (me pregunto por qué no existen ni derechas ni
ultraizquierdas); y todas sus acciones y opiniones se inspiran en la
doctrina ética de su personal ideología. Yo actúo así porque yo soy de
izquierda. La razón, la verdad y la civilidad importan un pepino.
Las ideologías que para los argentinos
-tan amolados, pobrecitos- son obsoletas y retrógradas, para nuestros
políticos, y algunos intelectuales, siguen perfectamente vigentes. ¿Será
por eso que ellos están tan amolados? No lo creo. Más bien siento que
nosotros estamos 30 años atrasados y vamos derechito a meternos en los
problemas de los que ellos están tratando de salir. Si los argentinos -que
ya superaron esta postura ideológica- están como están, me temo que
nosotros -que todavía estamos metidos en ella- podemos terminar mucho
peor.
Yo soy de izquierda, yo soy de derecha.
Ídolos fabricados por hombres (estos sí), cosas muertas que no pueden dar
vida ni salvar. Tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen. Como ellos
serán los que en ellos ponen su confianza (Sal. 115, 5-8).
Tan mala una ideología como la otra. Ni
de derecha ni de izquierda me llegará la salvación, sino solamente de
Dios.
Esperemos llegue el día en que no haya
izquierdas y derechas, sino hombres pensantes y dueños de sus actos que,
haciendo uso de su libertad, puedan entregarse a la búsqueda de la verdad
y se dejen guiar por ella.
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