6. Carta abierta a un embrión congelado
P. Fernando Pascual
...Pero es que eres un embrión humano... Sé que eso
no es justo, pero ahora dependes de otros que no comprenden la riqueza de
tu vida minúscula pero estupenda, que no quieren aceptar que eres un ser
humano, digno de respeto.
Tus padres querían un hijo, pero no
llegaba. Por eso fueron a una clínica de reproducción asistida. Tras
pruebas, análisis, estudios y decisiones no fáciles, unos médicos te
concibieron en una probeta, con otros hermanos tuyos. Escogieron a algunos
de ellos, los trasladaron al útero de tu madre. Uno, el más afortunado,
nació hace ya muchos meses.
Uno nació... Entonces, ¿qué va a ser de
ti? ¿Qué será de tus hermanos? Tus padres y los científicos decidieron
dejarte en el congelador, por ahora. Dependías de la decisión de otros, tu
vida estaba en entredicho.
Pasaron los meses, algunos años. Tus
padres estaban muy ocupados con tu hermano. Tal vez te tenían olvidado, o
pensaban en ti sin encontrar una salida, una “solución” a tu caso.
Un día, te convertiste en un problema
público. Los políticos, los expertos de bioética, los científicos,
pensaron que no podías seguir allí, años y años, congelado. Tus padres no
se atrevían a acogerte, tenían miedo de tu nacimiento. Te quisieron hace
tiempo, pero era “por si acaso”, por si no nacía un hijo en el primer
intento. Ahora querrían no afrontar tu realidad: les gustaría poder
olvidar que eres eso, su hijo, pequeño, pobre, congelado...
Por fin, los expertos prepararon una ley.
Tus padres tenían que decidir. La primera opción era una esperanza: probar
un nuevo embarazo contigo, darte la oportunidad de nacer. ¡Qué maravilla!
Pero había otras opciones. Podían darte a
otra pareja. Al menos así nacerías, tal vez lejos de tus padres, pero en
otro hogar que te respetase y te ofreciese amor. También podían dejarte
morir. Simplemente, apagar el congelador o sacarte del mismo. Así
terminaría tu historia y dejarías de ser “un problema”.
Pero es que eres un embrión humano... Por
eso algunos propusieron una cuarta opción: usarte en la experimentación.
Tus padres podían “donarte” para el progreso científico, dar permiso para
que te usasen y destruyesen. De este modo, los laboratorios sacarían de ti
células madre, que dicen son muy importantes para la investigación.
Sé que eso no es justo, pero ahora
dependes de otros que no comprenden la riqueza de tu vida minúscula pero
estupenda, que no quieren aceptar que eres un ser humano, digno de
respeto.
Voy a mirarte con esperanza. Todavía no
han decidido tu destino. No sé qué va a ser de ti. Quizá un día puedas
leer estas líneas, si te respetan, si te aman, si te dan una oportunidad
de nacer. Para entonces seré viejo, y tú joven. Será estupendo
encontrarnos.
Si eso no ocurre, si tú eres eliminado, o
si a mí me toca morir antes (ninguno humano es inmortal), no importa. Nos
veremos, si Dios quiere, en el cielo.
Ahora, simplemente, permíteme decirte que
tienes un amigo que te quiere. Ojalá otros muchos te miren de frente,
reconozcan lo que eres y, con un gesto de amor, te den esa oportunidad de
vivir que tú mereces...
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