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1. La inmaculada concepción

Adolfo Carreto / www.avmradio.org  

La diócesis de Málaga está organizando una exposición de arte sacro mariano. Recogerán a las Inmaculadas de toda la provincia... Y estoy seguro que ante semejante visión nadie quedará indiferente: ni los que creen en el dogma ni quienes lo desestiman. Les aseguro que no van a salir igual que entraron. Y es que el arte es como la creencia: lo sublima todo.

Nuestros pintores prodigaron sus pinceles exaltando el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Difícil conseguir uno, me refiero a los de antes, que no haya intentado esclarecer el misterio sobre lienzo, sobre talla o sobre pedestal. Puede que algunos lo hicieran por encargo, sobre todo por encargo eclesiástico, pero yo creo que todos lo hicieron por convicción, incluidos aquellos que lo hicieron por encargo.

Todas las geografías cristianas adornan sus espacios, incluidos los no estrictamente religiosos, con cuadros, estatuas en piedra o policromadas, sillares de los coros conventuales, tallas en las ermitas con las imágenes de la Virgen inmaculada. Desde hace 150 años para acá, que tampoco es tanto, la Inmaculada Concepción se adueñó no solamente de la devoción de los creyentes sino también de la devoción de los artistas.

Confieso que tengo debilidad por uno de estos lienzos, y no pierdo ocasión de acercarme hasta él cuando visito mi tierra, Salamanca. Termino de hacerlo. Se trata de quizá la más famosa de las Inmaculadas de Murillo, que siempre fueron la misma aunque con tenues rasgos diferenciadores. Hay mucho arte que apreciar y en el cual extasiarse en Salamanca, pero el que no puede pasar desapercibido para mí es esta Inmaculada de Murillo. Confieso que cuando me postro ante ella, no le rezo, simplemente la miro, que para mí es una forma de rezar. Confieso que cuando digo, me postro, no digo, me arrodillo; me coloco de frente, en pie, y cruzo los brazos, que es mi forma de postrarme. Y tengo que confesar, además, que cuando salgo de la iglesia en la que se expone, y en la que se venera, salgo con otro temple. Es como si hubiese cumplido con una obligación que nadie me ha impuesto, sólo mi convicción.

Viene esto a cuento porque, termino de enterarme de que la diócesis de Málaga está organizando una exposición de arte sacro mariano con el propósito de conmemorar el dogma de la inmaculada, como dijimos ya, hace 150 años. Y el lugar de la exposición será el palacio episcopal. Recogerán a las Inmaculadas de toda la provincia y las llevarán a palacio para que creyentes e incrédulos las vean. Y estoy seguro que ante semejante visión nadie quedará indiferente: ni los que creen en el dogma ni quienes lo desestiman. Porque este arte de la Inmaculada está ahí y es milagroso. Y si no, hagan la prueban: acudan. Si no pueden al palacio episcopal de Málaga sí a la iglesia de su cercanía, o a la ermita, o incluso al museo. Les aseguro que no van a salir igual que entraron. Y es que el arte es como la creencia: lo sublima todo.

 
 

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