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4. Dios Padre nos ha dado la vida

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Colaboración de los Sacerdotes de la Zona Pastoral Norte de la Arquidiócesis de Puebla
Los bienes y riqueza del mundo, según la voluntad del creador, son para servir eficazmente al provecho de todos los hombres y de todas las mujeres, de los pueblo: deben ser fuente de libertad para todos, jamás de dominación ni privilegios (14). En la tierra donde se encuentran los pueblos de esta zona de la Sierra Norte de Puebla, no se vive la voluntad del Creador...

Tú hiciste brotar fuentes y torrentes de agua cristalina y saludables, Tú creaste los cerros de la Sierra donde vivimos, el día es tuyo y también la noche.

Tú pusiste en su lugar la luna y el sol. Tú pusiste sus límites a la tierra, y le concedes tiempos de fecundidad. Tú el dueño de la creación realiza milagros para salvar a tus pueblos.

Tú, Aquel por quien se vive, sabes bien que nosotros los indígenas, te reconocemos presente en nuestra Madre la Tierra, de ella brotan nuestras esperanzas y nuestra identidad.



 

De la tierra Dios crea a la humanidad, la sustenta cotidianamente hasta que la humanidad regrese a la tierra. Dios dio poder a los hombres y a las mujeres sobre todas las cosas de la tierra, puso en sus mentes la sabiduría para que distinguieran entre el bien y el mal, les regaló el saber para que pudieran conocer la grandeza de sus obras y como "herencia les dio la ley de la vida", por eso, con sus ojos pudieron contemplar el resplandor de la Gloria de Dios y oyeron la grandeza de su voz: "Guárdense de toda la justicia" (1).

Dios quiere que seamos libres y que conozcamos la verdad (2), nos ha dado la vida y quiere que la mantengamos con los frutos de la tierra (3); quiere que todo lo bueno crezca en nuestras tierra y nos sirva para que gocemos de lo que Él ha hecho para nosotros (4). Si caminamos según los mandamientos de Dios, Él bendecirá nuestras tierras y siembras desde el cielo, para que de ellas obtengamos nuestros alimentos (5). La tierra y sus recursos son, por voluntad divina, para el bienestar y trabajo de todos sus hijos (6). Dios nunca nos abandonará porque nos ha dicho: "Yo los escucharé, haré brotar ríos en los cerros secos y vertientes en medio de los valles, y haré fértiles todas las tierras a favor de los pobres" (7).

En este sentido S. S. Juan Pablo II nos exhorta: “A ti hombre que miras complacido las obras de tus manos, el fruto de tu ingenio, Cristo te dice: ¡No te olvides de Aquel que ha dado origen a todo! ¡No te olvides del Creador! Es más, cuando más profundamente conozcas las leyes de la naturaleza, cuanto más descubras sus potencialidades tanto más te has de acordar de Él. ¡No te olvides del Creador y respeta la creación! ¡Realiza tu trabajo usando correctamente los recursos que Dios te ha dado! ¡Transforma sus riquezas con la ayuda da ciencia y de la técnica pero no abuses, no seas usurpador ni explotador sin miramientos de los bienes creados! ¡No destruyas ni contamines! ¡Recuerda a tu prójimo, a los pobres! ¡Piensa en las generaciones futuras!” (8)

Realmente la revelación de Dios está presente en todas las cosas que Él crea y conserva mediante su Palabra (9). Esta revelación llamada "revelación natural", presencia de Dios y conservación de todo, es un testimonio de que Dios da de sí mismo en las cosas creadas (10). Los indígenas están en constante contacto con la revelación y presencia de Dios cuando tratan con el sol, la tierra, el agua, la siembra, la fertilidad, el clima y su trabajo, por eso S. S. Juan Pablo II proclama: "Durante miles de años... Ustedes han vivido su existencia en proximidad espiritual con la tierra... por miles de años el Espíritu ha estado con ustedes en la esencia de su cultura, en su actitud ante el misterio del Espíritu de Dios en ustedes y en la creencia (11).

Dios crea al mundo en Jesucristo. Después de hacer al mundo Dios creó a la humanidad para que participemos en la comunidad divina de Amor: El Padre con el Hijo Unigénito en el Espíritu Santo. No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino Dios es quien nos ha amado (12). Como los hombres y las mujeres fuimos hechos a imagen de Dios, debemos vivir como hijos de Dios y sobre la tierra tener nuestro hogar de felicidad, no un campo de batalla donde reine la violencia, el odio y la explotación (13). Por eso los bienes y riqueza del mundo, según la voluntad del creador, son para servir eficazmente al provecho de todos los hombres y de todas las mujeres, de los pueblo: deben ser fuente de libertad para todos, jamás de dominación ni privilegios (14).

(1) Gn. 1 y 2: Eclo. 17, 1 - 14.

(2) 1 Tim. 2, 4.

(3) Gn. 2.

(4) Deut. 11, 12.

(5) Sal. 104, 14.

(6) Gn. 1, 29.

(7) Is. 41, 17 - 20.

(8) S. S. Juan Pablo II. Homilía en Monterrey, Mex. 9 de mayo de 1990.

(9) Sap. 13, 5; Jn. 1, 3; Dei Verbum 3.

(10) Rm. 1, 19 - 20. S. S. Juna Pablo II. Discurso a los aborígenes de Australia 4, 1 - 2. 1

(11) Jn. 4, 10.

(12) Documento Puebla. 183.

(13) Documento Puebla. 492.

Y como en la tierra donde se encuentran los pueblos de esta zona de la Sierra Norte de Puebla, no se vive la voluntad del Creador, los padecimientos que sentimos nos hacen aclamar a Dios:

¡Oh Dios, acuérdate de tu familia, de los pueblos que tu fundaste desde antiguo, pueblos que estableciste en estas tierras, tan llenas de tus bondades, Pueblos que has liberado para que sean herencia tuya.

Ven pronto, ven a visitar a tus pueblos, que poco a poco van siendo empobrecidos por el ansia del poder económico, político, ideológico e incluso, varias veces, religioso.

Tú hiciste brotar fuentes y torrentes de agua cristalina y saludables, Tú creaste los cerros de la Sierra donde vivimos, el día es tuyo y también la noche. Tú pusiste en su lugar la luna y el sol.

Tú pusiste sus límites a la tierra, y le concedes tiempos de fecundidad. Tú el dueño de la creación realiza milagros para salvar a tus pueblos.

Tú, Aquel por quien se vive, sabes bien que nosotros los indígenas, te reconocemos presente en nuestra Madre la Tierra, de ella brotan nuestras esperanzas y nuestra identidad.

 
 

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