8. Noviembre: mes de vivos, muertos y
santos
P. Antonio Gómez
En esta nueva Europa, que reniega de
su pasado y su cultura cristiana, yo me inclino por resucitar a la otra
vieja y joven Europa...
A propósito de este mes de Noviembre y la
tradición de llevar flores a los difuntos, me contaba un amigo misionero
un suceso, que a su vez se lo había contado a él otro misionero, y a éste
otro. O sea que ya no sabía si era cierto lo contado, lo había leído y se
lo habían inventado. Bueno pero como el hecho es gracioso os lo cuento.
Un misionero cristiano
depositaba flores en la tumba de su madre en un cementerio africano. La
madre europea había ido a visitar a su hijo y allí le dio un infarto y se
encontró con la muerte. Cuando estaba en el cementerio, este misionero,
vio a un africano en una tumba cercana: “Pero todavía sigues con esas
supersticiones? ¡Hombre de Dios! Yo pensaba que habías desechado esas
tonterías y que ya eras un cristiano de verdad. ¿Por qué traes ese
cesto de comida? ¿Es que tu madre va a salir a comer lo que le traes? “Mi
madre saldría a comer esta comida cuando la tuya salga a oler las flores
que tú le has traído”.
A veces nos merecemos
alguna lección de este tipo, que nos cure un poco de la arrogancia e
incomprensión hacia los otros. A veces, los seres humanos no sabemos
interpretar adecuadamente un gesto, un símbolo, una frase, un rito, si
éste nos viene de otra cultura, sobre todo, si ésta la consideramos
inferior a la nuestra. Por eso mas que entender o conocer, nos hace
falta comprender, pero desde la humildad. Tenemos necesidad de ser
humildes, de hacernos humildes, este mundo de soberbia necesita, más
santos que sabios. Y aprovecho para decir esto, en este mes de “Todos los
Santos”.
También recuerdo, un
caso que corrobora algo lo dicho. Eran los primeros tiempos de la
dictadura franquista. Un chaquetero, cipayo, que diría
Julián Gómez del Castillo, aspirando a un puesto de trabajo para el que no
tenía aptitudes, le dijo al jefe de turno, un hombre recto y formal:
“¿Oye, Fulano, ¿Sabes que Sutano, el encargado fresador, no
cree en Dios? Ese es un rojillo, ateo perdido. El jefe, hombre justo, le
contesta: “No importa que sea ateo, y no crea en Dios, querido amigo. Dios
sí cree en él”.
Y termino con un lamento en este mes de
tristeza y gozo. En esta nueva Europa, que reniega de su pasado y su
cultura cristiana. Impone su mercado, prefiere el materialismo a la
poesía, la economía a los lirios de Van Gogh, a las Meninas de Velásquez,
a los poemas de San Juan de la Cruz o Santa Teresa, yo me inclino por
resucitar a la otra vieja y joven Europa, y digo con lamento, que prefiero
el mejor espíritu europeo de Los Miguel Ángel, Cervantes, Dante... y
grito:
“¡Ay, qué larga es esta vida,
Que duro es este destierro,
esta cárcel y estos
donde el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero
que muero porque no muero.
(¿Lo conocéis?)
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