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9. Semana internacional para el desarme

Gilberto Hernández García

El presupuesto militar norteamericano para este 2004 representa una cantidad 10 veces mayor a la que considera el Banco Mundial como necesaria para reducir la pobreza a la mitad para el 2015.

De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.
Is. 2, 4

La observancia anual de la Semana del Desarme, que comienza el día del aniversario de la fundación de las Naciones Unidas, el 24 de octubre, se estipuló en el Documento Final del período extraordinario de sesiones de la Asamblea General dedicado al desarme celebrado en 1978. En la resolución se invitó a todos los Estados miembros de la ONU a difundir información sobre el peligro de la carrera de armamentos, a dar a conocer la necesidad de que cesara la proliferación y a fomentar un mayor entendimiento entre el público de las tareas más urgentes del desarme.

En 1995, la Asamblea instó a los gobiernos y a las organizaciones no gubernamentales internacionales y nacionales a que siguieran participando activamente en la Semana del Desarme. Invitó al Secretario General a seguir utilizando en la mayor medida posible los órganos de información de las Naciones Unidas para fomentar entre el público de todo el mundo una mejor comprensión de los problemas relacionados con el desarme y de los objetivos de la Semana del Desarme.

Situación mundial.

Hasta antes del 11 de septiembre de 2001, algunos analistas del escenario mundial aplaudían el mínimo pero sostenido descenso en la carrera armamentista que se venía observando desde 1987. Aunque las cifras de aquellos años no parecían estar muy acordes al optimismo imperante: todavía para 1995 se gastaban 4.6 millones de dólares en armas ¡cada minuto! y en el año 2001 el gasto militar se calculó en unos 839 mil millones de dólares.

Sin lugar a dudas el país más belicoso es Estados Unidos. Aunque ya no tiene en frente a ningún enemigo fuerte, como fue el caso de la extinta Unión Soviética y con quien compartió una lucha sostenida por más de cuatro décadas en una escalada armamentista que tuvo al mundo en jaque, en 1999 vendió el 54% de las armas del mundo, más que el total combinado de todos los otros mercaderes de armas.

Enrique Marroquín, sacerdote claretiano promotor de Justicia, Paz y Ecología de su congregación a nivel mundial, en un artículo aparecido en la Agenda Latinoamericana 2004, señala que con el ataque a Afganistán e Irak se inicia una nueva era en cuestiones armamentistas. Pondera además el significativo incremento de los presupuestos militares norteamericanos: 351 millones de dólares para el año 2002, 364 millones en 2003 y en 2004 446 millones de dólares.

El mismo sacerdote y analista califica esta situación como “un bacanal en honor al dios de la guerra”, pues de lo que se trata es de impresionar al mundo y demostrar el poderío. En la lógica del armamentismo está la argumentación de que las armas sostienen la seguridad nacional o la seguridad personal; sin embargo lo único que acarrea es el terror. Y recuerda que el los años de la “guerra fría”, las superpotencias acumularon tal poderío bélico que podía destruir a su adversario varias veces; tenían al mundo en vilo, pues nada aseguraba que un demente presidente apretara “el botón” fatídico, de la que no resultaría vencedor alguno. Las armas en vez de propiciar seguridad, la quitan.

Ahora bien, el presupuesto militar norteamericano para este 2004 representa una cantidad 10 veces mayor a la que considera el Banco Mundial como necesaria para reducir la pobreza a la mitad para el 2015. Bastarían los gastos militares de los norteamericanos de tan sólo 40 días para lograr ese objetivo. La semana del desarme es una imperiosa llamada de atención a los que hacen de la guerra un negocio: negocio de terror y muerte.

Fuentes: Comisión de las Naciones Unidas para el desarme; Enrique Marroquín “Otro uso del presupuesto armamentístico es posible”, en Agenda Latinoamericana.

 
 

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