2. Aborto, ¿tema discutible?
P. Fernando Pascual
El día en el que el aborto quede definitivamente
catalogado como un crimen, habremos dado una señal de civilización y de
progreso. A la vez, hemos de hacer todo lo posible para ayudar a las
mujeres en su embarazo y después del mismo, para que no se vean presionada
a abortar.
Es fácil ayudar a encontrar la verdad a
alguien que afirme que el fuego no quema: basta con acercarle un poco la
mano a una hoguera para convencerle. Es más difícil convencer a todos
sobre argumentos que son parte de la discusión pública, como son el caso
del aborto, de la eutanasia, de las normas más justas para organizar un
estado, etc.
La diferencia entre el primer problema
(“¿el fuego quema?”) y los otros problemas (como “¿es justo permitir el
aborto?”) radica en la mayor o menor dificultad de poder conocer a fondo
la realidad sobre la que preguntamos. Es posible que en algún rincón del
planeta donde no conozcan qué es la nieve, alguno piense que es caliente o
que tiene color rojo. A este personaje le podemos sacar de su error
llevándole a alguna montaña del Himalaya, con alguna filmación sobre la
nieve, o con alguna revista científica que presente los datos sobre ese
fenómeno del agua que cristaliza y se convierte en blancos y frescos
copones de nieve cuando baja mucho la temperatura.
Curiosamente, mientras aumentan los
descubrimientos en medicina y biología también crecen las dudas sobre la
licitud del aborto. Si antes alguien podía creer que el feto era como una
verruga en el vientre de la madre, algo que uno puede quitar si molesta,
hoy serán muy pocos los que lleguen a creer algo parecido. Si antes era
posible que el embarazo fuese peligroso para la mujer, hay muchas técnicas
hoy día para paliar dolores, superar momentos de crisis e, incluso,
adelantar el parto y colocar al pequeño en una incubadora. Si antes se
podía dudar sobre el proceso de crecimiento que va desde la fecundación
hasta el nacimiento, hoy tenemos infinidad de datos, fotografías y
certezas científicas (aunque siempre hay nuevas cosas por investigar)
sobre ese recorrido emocionante que se inicia nuestro día 1º y que llega
hasta el romper aguas y asomarnos a la luz de la vida externa.
¿Por qué, sin embargo, a pesar de tantos
progresos hay todavía quienes siguen defendiendo el “derecho” al aborto?
Quizá simplemente porque no han visto lo que es un aborto. O, porque
viéndolo, no quieren reconocer lo que allí ocurre. Si es verdad que no hay
más ciego que aquel que no quiere ver, también es verdad que no hay más
criminal que aquel que dispara a ciegas diciendo que si mata a alguien es
culpa del otro porque se le ocurrió pasar por ahí...
Que hoy día el aborto sea un tema
“discutible” no es señal de que haya gente muy inculta. No es justo llamar
a los abortistas tontos: a veces han estudiado mucho y tienen títulos en
universidades famosas... Pero con toda su ciencia no llegan a ver algo
evidente: en cada aborto eliminamos a un ser humano, tan humano como
nosotros. El hecho de que tenga sólo unas dimensiones microscópicas o unos
centímetros, o que sea blanco, negro, indio o mestizo, pobre o rico,
“macho” o “hembra”, no quita su dignidad.
El día en el que el aborto quede
definitivamente catalogado como lo que es, un crimen, habremos dado una
señal de civilización y de progreso. A la vez, puesto que sabemos lo grave
que es el que una madre procure la muerte de su hijo, hemos de hacer todo
lo posible para ayudar a las mujeres en su embarazo y después del mismo,
para que no se vean presionada a abortar. No es justo condenar el aborto y
dejar luego a las madres abandonadas. Una nación moderna y civilizada
sabrá dar tanto amor y respeto a todas las madres que sus hijos nos dirán
un día: ¡gracias por ayudarnos a nacer al ayudar a nuestras mamás!
¡Gracias por construir un mundo más humano y más justo!
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