3. Los hombres y las mujeres hemos pecado
Colaboración de los Sacerdotes de la Zona Pastoral
Norte de la Arquidiócesis de Puebla
Descubrimos en nuestra región, bendecida por Dios,
una situación de injusticia y explotación por el dominio de los caciques.
Recordamos que Dios no está de acuerdo con esa situación, porque desde el
principio esta tierra y sus recursos fueron creados para utilidad de todos
los hombres. Esta situación de pecado es la que nos hace elevar nuestras
voces a nuestro Padre Dios...
La amistad del ser humano con Dios se
perdió con la desobediencia. El hombre libremente se ha hecho enemigo de
Dios, al que debía todo. En adelante, la vida del ser humano en la tierra
será la lucha y sufrimiento, pero se le promete la victoria sobre el mal
(1). Dios había dado al primer hombre y a la primera mujer una situación
muy superior a la nuestra: no iba a morir ni a sufrir. Pero ellos
decidieron apartarse del camino de Dios y de la felicidad. Y ahora toda la
humanidad padece esta situación que llamamos "consecuencias del pecado
original" (2).
La raíz del pecado y de todos los males
que engendra, está en el corazón de todos los hombres y las mujeres,
porque como ha dicho Jesús: "del corazón del hombre salen las malas
intenciones, la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad
matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y
falta de sentido moral..." (3) Dios al ver los pecados de la humanidad
exclama: "Yo críe hijos hasta hacerlos hombres pero se revelaron contra mí
¡Ay¡ gente pecadora, pueblo cargado de crímenes, raza de malvados hijos
perversos" (4).
No es cierto, como piensan, que Dios ande
buscando el mal para sus hijos: "porque Dios no anda tramando el mal ni
tampoco tienta a nadie. En realidad cada uno es tentado por sus propios
malos deseos que lo arrastran y lo seducen" (5).
Conocida la situación de pobreza,
marginación e injusticia en que está sumido nuestro pueblo, denunciamos
que: "la ley prácticamente ya no existe, nadie se comporta como es debido.
Como los malvados tienen atemorizados a los buenos, el derecho aparece más
torcido que nunca (6). La presencia en nuestras tierras de un aparato
ideológico al servicio del sistema económico y poder caciquil está
manteniendo una situación de pecado social.
Los hijos de las tinieblas que sustentan
este sistema injusto dicen: "Oprimamos a esta gente. No tengamos
miramientos. Nuestra fuerza es la única ley, persigamos al justo que nos
molesta y se opone a nuestra manera de actuar, porque nos hecha en cara
las faltas a la ley y nos reprochan por no comportarnos conforme a la
buena educación" (7).
Constatamos que nuestras tierras son
agredidas por el sistema opresor "que siempre planea la vida del pueblo a
escondidas" (8) y denunciamos que este sistema está contaminando la
creación de Dios, porque tala desmedidamente los bosques, acapara los
productos de la tierra y deja sin sustento al pueblo (9). También porque
su política es integrista; y además de ser discriminadoras su legislación
laboral y su reforma agraria son mal aplicadas; y porque reprime a los
obreros y a los campesinos que intentan organizarse para buscar un nuevo
orden de vida mas justo (10).
Descubrimos en nuestra región, bendecida
por Dios, una situación de injusticia y explotación por el dominio de los
caciques. Recordamos que Dios no está de acuerdo con esa situación, porque
desde el principio esta tierra y sus recursos fueron creados para utilidad
de todos los hombres.
Esta situación de pecado es la que nos
hace elevar nuestras voces a nuestro Padre Dios:
Padre Misericordioso, mira a los enemigos
de tu Reino, lo están destruyendo todo, en esta región de la Sierra, que
es también tu lugar santo.
Tus enemigos, cubiertos con la piel de
oveja, rugen y dispersan tu rebaño, levantan cercas que nos dividen y van
poniendo nombres extraños a las tierras, nombres que tú nunca
pronunciaste.
Son incontables las sectas que defienden
intereses extranjeros.
Los "lobos" han aprovechado la escasez de
tus sacerdotes y el adormecimiento en el que muchos de estos pocos han
caído.
Tu Buena Nueva se retarda en los pueblos
por el desconocimiento del idioma, la extensión de tus montañas, lo
escabroso de los caminos y la incomprensión de tu presencia en nuestra
pobreza, en nuestros mitos y en nuestros ritos.
Los que están en contra de tu Reino como
aserradores en el bosque derriban nuestra religión, nuestros deseos de
superación organizada.
Prendieron fuego a tu santuario en
nuestros pensamientos y en nuestro corazón, y se reparten tu nombre a
pedazos.
En medio de esta situación de injusticia,
explotación, discriminación y opresión, clamamos a Ti, Padre compasivo,
que tus oídos pongan atención a nuestras voces suplicantes.
Notas:
(1) Gn. 3.
(2) Gn. 3, 16-19.
(3) Mc. 7, 20 - 22.
(4) Is. 1, 2-4.
(5) Stgo. 1, 13-14.
(6) Hb. 1, 14.
(7) Sab. 2, 10-12.
(8) Is. 29, 15.
(9) Jer. 14, 1-15; Am. 8.
(10) Documento Puebla. 44.
(11) Gn. 1, 28; Documento Puebla. 492.
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