Imprimir

3. Los hombres y las mujeres hemos pecado

www.koinonia.com.mx

Colaboración de los Sacerdotes de la Zona Pastoral Norte de la Arquidiócesis de Puebla
Descubrimos en nuestra región, bendecida por Dios, una situación de injusticia y explotación por el dominio de los caciques. Recordamos que Dios no está de acuerdo con esa situación, porque desde el principio esta tierra y sus recursos fueron creados para utilidad de todos los hombres. Esta situación de pecado es la que nos hace elevar nuestras voces a nuestro Padre Dios...

La amistad del ser humano con Dios se perdió con la desobediencia. El hombre libremente se ha hecho enemigo de Dios, al que debía todo. En adelante, la vida del ser humano en la tierra será la lucha y sufrimiento, pero se le promete la victoria sobre el mal (1). Dios había dado al primer hombre y a la primera mujer una situación muy superior a la nuestra: no iba a morir ni a sufrir. Pero ellos decidieron apartarse del camino de Dios y de la felicidad. Y ahora toda la humanidad padece esta situación que llamamos "consecuencias del pecado original" (2).

La raíz del pecado y de todos los males que engendra, está en el corazón de todos los hombres y las mujeres, porque como ha dicho Jesús: "del corazón del hombre salen las malas intenciones, la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral..." (3) Dios al ver los pecados de la humanidad exclama: "Yo críe hijos hasta hacerlos hombres pero se revelaron contra mí ¡Ay¡ gente pecadora, pueblo cargado de crímenes, raza de malvados hijos perversos" (4).

No es cierto, como piensan, que Dios ande buscando el mal para sus hijos: "porque Dios no anda tramando el mal ni tampoco tienta a nadie. En realidad cada uno es tentado por sus propios malos deseos que lo arrastran y lo seducen" (5).

Conocida la situación de pobreza, marginación e injusticia en que está sumido nuestro pueblo, denunciamos que: "la ley prácticamente ya no existe, nadie se comporta como es debido. Como los malvados tienen atemorizados a los buenos, el derecho aparece más torcido que nunca (6). La presencia en nuestras tierras de un aparato ideológico al servicio del sistema económico y poder caciquil está manteniendo una situación de pecado social.

Los hijos de las tinieblas que sustentan este sistema injusto dicen: "Oprimamos a esta gente. No tengamos miramientos. Nuestra fuerza es la única ley, persigamos al justo que nos molesta y se opone a nuestra manera de actuar, porque nos hecha en cara las faltas a la ley y nos reprochan por no comportarnos conforme a la buena educación" (7).

Constatamos que nuestras tierras son agredidas por el sistema opresor "que siempre planea la vida del pueblo a escondidas" (8) y denunciamos que este sistema está contaminando la creación de Dios, porque tala desmedidamente los bosques, acapara los productos de la tierra y deja sin sustento al pueblo (9). También porque su política es integrista; y además de ser discriminadoras su legislación laboral y su reforma agraria son mal aplicadas; y porque reprime a los obreros y a los campesinos que intentan organizarse para buscar un nuevo orden de vida mas justo (10).

Descubrimos en nuestra región, bendecida por Dios, una situación de injusticia y explotación por el dominio de los caciques. Recordamos que Dios no está de acuerdo con esa situación, porque desde el principio esta tierra y sus recursos fueron creados para utilidad de todos los hombres.

Esta situación de pecado es la que nos hace elevar nuestras voces a nuestro Padre Dios:

Padre Misericordioso, mira a los enemigos de tu Reino, lo están destruyendo todo, en esta región de la Sierra, que es también tu lugar santo.

Tus enemigos, cubiertos con la piel de oveja, rugen y dispersan tu rebaño, levantan cercas que nos dividen y van poniendo nombres extraños a las tierras, nombres que tú nunca pronunciaste.

Son incontables las sectas que defienden intereses extranjeros.

Los "lobos" han aprovechado la escasez de tus sacerdotes y el adormecimiento en el que muchos de estos pocos han caído.

Tu Buena Nueva se retarda en los pueblos por el desconocimiento del idioma, la extensión de tus montañas, lo escabroso de los caminos y la incomprensión de tu presencia en nuestra pobreza, en nuestros mitos y en nuestros ritos.

Los que están en contra de tu Reino como aserradores en el bosque derriban nuestra religión, nuestros deseos de superación organizada.

Prendieron fuego a tu santuario en nuestros pensamientos y en nuestro corazón, y se reparten tu nombre a pedazos.

En medio de esta situación de injusticia, explotación, discriminación y opresión, clamamos a Ti, Padre compasivo, que tus oídos pongan atención a nuestras voces suplicantes.

Notas:

(1) Gn. 3.

(2) Gn. 3, 16-19.

(3) Mc. 7, 20 - 22.

(4) Is. 1, 2-4.

(5) Stgo. 1, 13-14.

(6) Hb. 1, 14.

(7) Sab. 2, 10-12.

(8) Is. 29, 15.

(9) Jer. 14, 1-15; Am. 8.

(10) Documento Puebla. 44.

(11) Gn. 1, 28; Documento Puebla. 492.

 
 

Inicio ] [ Atrás ]