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1. El Rosario está de moda

Jaime Septién

En el colmo del absurdo, objetos que sirven para acercar la voz del hombre a Dios, son usados por como meros adornos.

No se trata del rezo del Santo Rosario. ¿Qué más quisiéramos? Se trata de un nuevo negocio juvenil que consiste en vender rosarios y escapularios como objetos decorativos. En el colmo del absurdo, objetos que sirven para acercar la voz inaudible del hombre al corazón de la Misericordia divina, son usados por jóvenes de México y de buena parte del mundo como meros adornos.

Desde que el capitán de la selección inglesa de fútbol -y centrocampista del Real Madrid, David Beckham-salió, medio desnudo en la revista Vanity Fair, con un rosario colgándole al cuello (diseñado por la marca Dolce & Gabanna), miles de sus fanáticos en todo el planeta han comenzado a imitarlo. Por supuesto que la Iglesia católica en Inglaterra ha protestado. No se puede ridiculizar de esa manera lo que para mil 200 millones de católicos que hay en el mundo es sagrado.

Además de Beckham, otro icono de la “cultura pop” se ha hecho retratar con un rosario en el cuello, sustituyendo las cuentas de un collar. La cantante y actriz (ambas son suposiciones, pues ni canta ni actúa, solamente exhibe su cuerpo y se casa cada tres meses) Britney Spears. Los dos han hecho que el negocio sea redondo. Para pesar y tristeza de quienes hemos crecido viendo las amorosas cuentas del Santo Rosario, meditadas una a una, en las manos de nuestra madre, o contamos con la oración más sencilla y más profunda de todas, para caminar por los misterios de la vida de Jesús.

En México, quizá por algún oscuro designio de diseñador o de compañía comercial “nacionalista”, los escapularios ya no sirven para protegernos de los embates del Maligno, sino para “embellecer” brazos femeninos y ocupar el puesto de pulseras. Las portadoras muy poco o nada saben de escapularios, protecciones o defensas. Es más: les trae sin cuidado. Dicen: “se ve bonito”. Y punto.

Según las notas de prensa, las tiendas cristianas de Inglaterra se han visto desbordadas por pedidos de jóvenes en las últimas seis semanas. Nunca habían vendido tantos rosarios en tan poco tiempo. De inmediato, los escapularios como brazaletes han volado de las tiendas en México. Y es que a Spears y Beckham, también se les han unido los cantantes Usher, Beyoncé y Justin Timberlake en el uso de rosarios como “accesorios” de belleza.

Frente a esta avalancha publicitaria y trivial, ¿qué puede hacer un padre católico? Hacer lo que hizo mi esposa: no dejar que los hijos usen esto. Platicar con ellos, darles pistas sobre el valor de la oración, sobre la densidad humana del rezo y sobre algo tan decisivo para la vida del hombre como es la Gracia divina. Que no se puede jugar con ello. Que no se puede comercializar con el bien, porque se termina haciendo banal el pecado. Y que, pasado mañana, por tanta frivolidad, no vamos a tener ni una referencia de Dios en nuestras vidas.

 
 

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