2. Ecología humana
Pienso que una pastoral del ambiente encaja
perfectamente con la pastoral de la ecología humana, que no solamente es
ecología del cuerpo y su entorno sino también del espíritu y su entorno
Esta noticia es
de las que me gustan, de esas que, para comentarla, no tienes que
retorcerte. Tal y como aparece, la copio: “El Arzobispado de Valencia ha
creado la primera comisión diocesana para la pastoral del Ambiente y la
Ecología humana, con el fin de promover la toma de conciencia y estilos de
vida cristianos a favor de la ecología y el desarrollo sostenible”. Suena
bien. Y si se lleva a cabo, sonará mejor.
Lo de pastoral del medio ambiente
pareciera más asunto de políticos apuntados a lo verde, o de enegés, que
de asuntos eclesiales. Pues no, ya lo ven. Se trata de una pastoral que me
gusta: es decir, de cómo el cristiano debe vivir no solamente sumido en la
naturaleza sino, y sobre todo, compenetrado con ella. Al fin y al cabo
todos somos naturaleza, parte fundamental de ella y si, a ver vamos, o nos
condenamos con ella o con ella nos salvamos.
Bíblicamente la vida comenzó en un
jardín, que ya es mucha metáfora para reflexionar teológicamente. Un
jardín inmaculado, incontaminado, apto para la felicidad, así es que a él
deberíamos retornar tanto metafóricamente como teológicamente. Es de ley
pensar en el cielo-estado más como un jardín que como cualquier otra cosa,
y si lo pensáramos así quizá la convivencia humana marchara mejor. Pero
eso pienso que una pastoral del ambiente encaja perfectamente con la
pastoral de la ecología humana, que no solamente es ecología del cuerpo y
su entorno sino también del espíritu y su entorno, por eso de que el
espíritu ha de fructificar en su entorno.
No sé cómo el arzobispado de Valencia va
a implementar esta pastoral, bajo qué parámetros, con qué acciones
concretas; la nota solamente nos dice que “el trabajo del equipo se
centrará en dar a conocer los fines del nuevo departamento para
posteriormente afrontar, desde una perspectiva eclesial-testimonial, los
retos que la cuestión ecológica platee en nuestra diócesis”. Añade,
además, que la educación ambiental “es una oportunidad para la
evangelización y el respeto a la creación, que debe ser vivida como un
elemento importante en la fe cristiana”. Nada más cierto. Porque nos
estamos empeñando casi en exceso en ecologías políticas, de escasa
credibilidad, y estamos dejando de lado otras ecologías de más sustancia.
Abogo por una pastoral de la ecología
humana, de una ecología sin trampa, de un respeto al medio ambiente que
todos conformamos, con el fin de que podamos respirar con mayor libertad
no solamente de cuerpo sino también de espíritu.
|