3. El color de Cristo
Los británicos nos han dicho que Jesús de Nazaret
era negro... Para mí todos los colores cantan y cuentan, y si es asunto de
creencia, cuentan y cantan más.
De buenas a primeras los británicos nos
han dicho que Jesús de Nazaret era negro y, ala, a creerlo. La verdad que
a mí ni me va ni me viene. Nunca he tenido esas debilidades que a veces
prodigan los colores, y menos cuando se trata de los colores de la piel.
Para mí todos los colores cantan y cuentan, y si es asunto de creencia,
cuentan y cantan más.
Muchas veces me he referido al color de
las Vírgenes, me refiero al color de las tallas de las Vírgenes porque
morenetas, morenitas, bronceaditas o gallardamente negras las hay por
doquier. En la ermita de mi pueblo hay una a la que llamamos la Virgen del
Castillo y muy bien pudiera ser que algún rostro moro anduvo por aquellos
parajes cuando los moros andaban por casi todos los parajes españoles. No
digo nada de la Moreneta, que desde que me topé con ella, yo mozo, en la
serranía de Montserrat quedé prendado. Así que cada quién tenemos una
Virgen negra de nuestra procedencia y a la que nos aplicamos no a pesar
del color sino precisamente por ese color. Por eso el descubrimiento o
corazonada de estos científicos británicos no debiera asombrarnos: de tal
Madre tal Hijo.
De Jesucristo y de la Virgen tenemos
imágenes, tallas, pinturas y partituras de todas las geografías, de todas
las etnias, de todas las razas, de todos los rasgos y de todos los
colores, y a cada cual el color que mejor le queda es el color del lugar.
Dicen estos científicos británicos que en aquel tiempo, es decir, cuando
nació Jesús “la población de Belén era principalmente una mezcla de
etíopes, egipcios y babilonios, todos ellos provenientes de África
central”. Puede ser, lo que me llama la atención es que hayamos
descubierto el color natural de Jesucristo ahora, en el siglo XXI, luego
de tanto dime y direte a través de la historia. Pero vuelvo y repito, no
importa, que el color de la piel no hace al monje. Tampoco vamos a caer en
la trampa de que el blanco es el más inmaculado, porque, de hecho, es el
que más airea la mancha.
Pues bien, todos contentos. Este
descubrimiento no nos ha descubierto nada, al menos no a mí. Eso sí, que
no se utilice ahora para volver a discriminaciones, inclusive a
discriminaciones religiosas por culpa de un color. Esto es importantísimo
tenerlo en cuenta, y en estos días, cuando pareciera que están
resucitándose otra vez las guerras de religión, que vale tanto como decir
los fanatismos por creencias y por colores, velos y otras simbologías. Por
eso prefiero que Jesucristo pueda ser apto para todos los colores.
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