16. Hablarían las
piedras
Miguel Rivilla San Martín, Pbro.
Tan sólo unos pocos de ideología anticatólica han
preferido mirar para otro lado.
El inusual despliegue de medios, la excepcional
cobertura informativa, los abrumadores testimonios de respeto y amor de
toda clase de personas y las inmensas riadas de gentes, llegadas a Roma de
todas partes, con ocasión del óbito de Juan Pablo II, han impactado
sobremanera tanto a la opinión pública como a cualquier observador
imparcial de la realidad.
Por doquier se ha hecho patente el respeto, amor y
cariño que ha concitado tanto para creyentes como para agnósticos de todo
el mundo, la singular e irrepetible personalidad del papa desaparecido.
Tan sólo unos pocos inconformistas o grupos
minoritarios de ideología anticatólica han preferido mirar para otro lado,
molestos por la muestra del global plebiscito para con un hombre de
singular talla humana y religiosa, representante de Cristo en la tierra.
Lo mismo que hay personas a quienes molesta “el
estruendo” de las campanas, también a otros les rechinan los rezos, las
paradas de homenaje y las aclamaciones del pueblo cristiano.
Quizás preferirían reducir todo el evento desbordante a
un silencio impuesto. Esto mismo pasó a Jesús en su entrada triunfante en
Jerusalén. Ante los hosannas de la gente y la exaltación de sus
discípulos, los fariseos piden a Jesús que los reprenda. He aquí su
respuesta: ”Os digo que si estos callan, hablarán las piedras” (Lc.19,
39-40).Sin comentario.
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