19. Moderno
Pentecostés
Miguel Rivilla San Martín, Pbro.
No se trata sólo de sentimentalismo contagioso sino de
un verdadero paso del Espíritu de Dios .
Las jornadas inolvidables del óbito y entierro de Juan
Pablo II, seguidas y vividas por millones de personas en todo el mundo a
través de todos los medios, y personalmente, como peregrinos, ha causado
una conmoción global tan única y singular, que no cabe denominarla sino
como un moderno Pentecostés o un milagro del cielo.
No se trata sólo de sentimentalismos contagiosos, de
testimonios más o menos conmovedores de amor y simpatía por el papa
desaparecido, ni tampoco de dejarse llevar por corrientes mayoritarias o
espectaculares, sino de una verdadera PASCUA o paso del Espíritu de Dios
por este mundo, que parecía vivir de espaldas a Él.
Se ha podido constatar, a ojos vistas, que Dios y su
Espíritu no está ausente en nuestro mundo, sino muy presente y operativo
en lo más profundo del corazón de los humanos de cualquier raza, cultura,
y religión de los cinco continentes.
Ni las lágrimas derramadas a raudales, ni las largas
riadas de gente en Roma, con horas interminables de espera, ni los miles
de misas, funerales y vigilias celebradas en todo el mundo, dan una visión
completa de lo sucedido. Lo mejor y más maravilloso está por venir.Ha
tenido lugar dentro, en el corazón de parte de la humanidad. Habrá un
antes y un después de este evento. Ha sido el anticipo de una nueva era o
de una primavera de paz, justicia y amor, cuyos frutos llegarán a su
tiempo. Deo gratias!
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