3. Por
encima de la Constitución
Miguel Rivilla San Martín, Pbro.
Se ha olvidado que la Constitución no es
ningún absoluto y que “todo cristiano debe obedecer, en conciencia, antes
a Dios que a los hombres”.
El Gobierno socialista, en el asunto de las “bodas gays”, con la
consiguiente adopción de niños por estas parejas y la imposición del
nombre de “matrimonios homosexuales” ha procedido con evidente
precipitación.
De espaldas a la inmensa mayoría de los ciudadanos casados (matrimonios
heterosexuales), sin consideración al dictamen del Consejo de Estado y del
CGPJ; contra el significado del nombre, según el DRAE; contra el sentido
común de la generalidad de la ciudadanía; de un modo totalitario, sin
diálogo previo,(nula muestra de talante ) y contra la enseñanza milenaria
de la Iglesia católica.
El rechazo a este proceder está en la calle. Se querrá camuflar con
encuestas amañadas, programas de tv para exaltar las maravillas del
matrimonio gay, con la cantinela de derechos constitucionales para todos y
con ataques a la Iglesia por ingerencia en asuntos de Estado. La Iglesia
no ha tardado en hacer sonar su voz proclamando que- “es una ley inhumana
e injusta, contra la verdadera familia y los derechos de los niños” y
pidiendo a los funcionarios católicos hagan objeción de conciencia en este
asunto.
La reacción socialista por medio de su portavoz, Sra de la Vogue, ha dicho
que la ley-(la Constitución aún no está modificada) es para todos. Se ha
olvidado que la Constitución no es ningún Absoluto y que “todo cristiano
debe obedecer, en conciencia, antes a Dios que a los hombres”. Para un
verdadero cristiano, por encima de la ley de los hombres está la Ley de
Dios. Plena libertad, pues, para que obren en conciencia los funcionarios
para evitar odiosas discriminaciones con otros colectivos.
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