1. Acompañados
Mikel Agirregabiria Agirre
Para vivir felizmente sólo es necesaria una condición
ineludible: la compañía de otros.
Todos, en ocasiones, nos quejamos de la gente. Las
muchedumbres, a algunos, nos aterran. Somos incapaces de acudir a esos
recintos cerrados como estadios de fútbol y sentirnos rodeado de decenas
de miles de personas hasta el punto de sospechar que el oxígeno
circundante será insuficiente para tantos. O esas playas abarrotadas donde
parece que la tierra seca se ha agotado y que algunos nos tendremos que
reconvertir en la especie acuática que fuimos para refugiarnos bajo el mar
todavía despejado.
Algunos refranes abundan en la idea que la soledad no
es tan negativa, como el proverbio de origen italiano de que “mejor solo
que mal acompañado”. Pero esta sugerencia no hace sino resaltar el valor
de una buena compañía, obviamente cuando el grupo aporta valor positivo
para todos sus componentes. Tras las fiestas navideñas apreciamos
especialmente la inconmensurable aportación de los equipos humanos que la
naturaleza y la sociedad nos proporcionan: nuestra familia, siempre en
primer término; pero también las amistades, los vecinos o quienes
comparten con nosotros su tiempo de trabajo o de ocio. La compañía que
procura una pareja apropiada, o unos padres, hermanos o hijos, es
infinitamente más gratificante que todas las posesiones materiales gozadas
en soledad.
Especialmente meritorio es el compromiso ético de
quienes reconociendo el tesoro de la compañía, ofrecen parte de su vida
para acompañar a los más desamparados, muchas veces abandonados en la
pobreza, la enfermedad o el olvido. Una faceta de esta solidaridad,
anecdótica pero entrañable, radica en la sabiduría popular de esas
acogedoras comunidades de paisanos extravertidos que, según nos consta,
salen a la calle para ver si encuentran algún forastero a quien acompañar.
Sabemos que nunca estarán solos quienes viven
acompañados de sí mismos y de nobles intenciones. De acuerdo, pero muchos
deseamos vivir más acompañados. Desayunar acompañados, trabajar
acompañados, comer acompañados, aprender acompañados, disfrutar
acompañados, dormir acompañados,… incluso morir acompañados, como todos
nacimos acompañados.
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