3. Cada día ganar un
día más
Víctor Corcova Herrero
Creo que es hora de apuntarnos a vivir mejor la vida,
más desde dentro hacia los demás y desde los demás hacia dentro.
Llevadero es el camino cuando se camina con pasos
compartidos. El tiempo ya nos descubre que uno a uno, todos somos
perecederos y que juntos somos hacedores de perdurables vidas. Por ello,
que la donación de órganos en España crezca y refuerce el liderazgo
mundial es como acrecentar la esperanza de vivir. Esto es muy meritorio en
un mundo como el actual donde todo se compra y se vende. El donar vida no
tiene precio, pero tiene el más alto valor ético: la de entregar, sin
compensación alguna, parte de nosotros mismos para la existencia de otra
persona que, en la mayoría de las veces, ni conocemos. Precisamente ahí,
en la nobleza de la ofrenda, es donde radica el verdadero trance de amor,
fruto de una auténtica cultura de generosidad. Sembrar estos hechos
solidarios que tanto nos caracterizan al pueblo español, de ofrecer cada
día un nuevo día a semejantes que sobreviven en las ciegas noches del
desespero, es uno de los gestos más vivos, puesto que se aviva una
auténtica cultura de la vida.
Lo de cada día ganar un día más a la sonrisa es un buen
deseo para el aseo de la vida, a la que habría que limpiar de tanto sexo y
violencia generado por unos malvados principios y olvidadas éticas. La
vida es demasiado corta para acortarla o confinarla entre rejas. La legión
de violentos fanáticos, que cultivan la tortura como norma, hay que
pararles sus hazañas y enviarlos a la escuela antes que a la cárcel.
Precisamos que se desenganchen los hábitos salvajes de la faz de la tierra
y lo más sensato es utilizar moldes educativos y los remontes del alma.
Aunque las semánticas constituyentes de las letras constitucionales suelen
decir que los penados han de vivir un tiempo recluidos a fin de enmendar
su conducta y volver a la sociedad reeducados, lo cierto es que se
regeneran más bien poco. El clima tampoco es nada propicio, porque
recluimos y excluimos, todo a la vez. Lo de tender una mano y dar una
segunda oportunidad, se nos da más bien poco. Sería más efectivo que
encarcelar, prevenir rechazos sociales con actuaciones que nos nivelen,
fomentando nuevas sensibilidades de acercamiento a los marginados, entre
los que suelen estar mayoría de personas privadas de libertad.
La realidad nos dice que algo no funciona. El aluvión
de atentados contra la vida no merma, continúan sellando la historia de la
humanidad. Hay amenazas que proceden de la naturaleza misma, agravadas en
parte por el abuso y la negligencia de los humanos, desajustes a los que
tendríamos que poner remedio. En este sentido, el mayor y más completo
mapa topográfico del planeta, proyecto liderado por la NASA y que
recientemente ha sido finalizado, nos participa una buena ración de
anhelos: ayudar a controlar los movimientos de glaciares, planear
reforestación y conservación del suelo, ayudar a crear simuladores de
vuelo más realistas o localizar enclaves para antenas... Por desgracia,
tras el abecedario ingenioso que es la naturaleza, a veces se esconden
intereses contrapuestos o interesados, anuncio de un mal presagio para la
subsistencia. Urge, pues, lidiar mejor los efectos de los desastres
naturales, ahora tenemos la confianza del mapa salvavidas, con los afectos
humanos.
La vida está ahí, en cada uno de nosotros, para vivirla
fusionados y beberla en libertad, sin franquicia alguna. En ocasiones no
la conocemos, ni tampoco nos reconocemos en ella. El año dos mil cinco,
Año Internacional de la Física en un mundo de Quijotes y Sanchos, pondrá
en valor la naturaleza, vilmente trotada y jadeada por jinetes, sin mesura
alguna, más veces de las debidas. Con apropiado tino, la Asamblea Nacional
de las Naciones Unidas, reconoce que la Física proporciona una base
importante para el avance en la comprensión del hábitat, sustento de gran
parte de los adelantos tecnológicos actuales, convencidos de que una
educación en esta disciplina -algo de lo que carecen nuestros planes
educativos- proporciona al hombre las herramientas para construir la
infraestructura científica esencial para el desarrollo de la propia vida,
que es lo que más nos debe interesar a los humanos.
Decía Miguel Hernández que la vida eran muchos tragos y
que uno solo era la muerte. Hoy, ante las continuas amenazas contra la
vida que soportamos, se nos atraganta hasta el aire que respiramos. Lo de
ganar un día más cada día va a tener su precio en oro, si no ponemos techo
a los que quieren apropiarnos -y expropiarnos- hasta nuestra propia
supervivencia. A mi juicio, pienso, que hay que movilizar el sentido común
y hacer más vida en común con la vida. La situación que vivimos es de
pánico. La calle lo expresa todo. Tipos descontentos y malhumorados te los
encuentras en doquier esquina. Los psicólogos y psiquiatras se hallan
desbordados ante las crecientes y continuas visitas de gentes
insatisfechas y afligidas, a las que nada les llena, aunque naden en la
abundancia. Todo está como muy vicioso y enviciado. Creo que es hora de
apuntarnos a vivir mejor la vida, más desde dentro hacia los demás y desde
los demás hacia dentro.
Convendría tomar buena nota de la libertad que don
Quijote alistó, uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron
los cielos, desde el juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas
de la ignorancia que sobre él pusieron amarga y continua leyenda los
detestables libros de las caballerías. Ya conozco sus disparates y sus
embelecos, -decía-, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan
tarde que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa leyendo otros que
sean luz del alma. Quizás nos falte explorar otras páginas del libro de la
existencia, como es la del amor sin condiciones, ni condicionantes; y así
vivir, como hijos de auroras, reavivando la estación de la vida de los
ocasos del tiempo hacia una nueva primavera que a todos nos enternezca.
|