8. Dios y el
maremoto
Miguel Rivilla San Martín Pbro.
En medio de la oscuridad y de la incomprensión del
misterio, creemos firmemente, aunque no sabemos compaginar del todo, los
datos de la revelación divina. Por ella proclamamos que el mal no procede
ni lo quiere Dios. Lo permite tan solo y de él saca bien -(escribe derecho
con renglones torcidos)- para sus criaturas.
Siempre que ocurre una catástrofe como
la del maremoto de Indonesia, con centenares de miles de muertos,
desaparecidos, sin techo, etc., no son pocos los hombres que
culpan a Dios
de lo ocurrido.
Otros, sin más, se reafirman
en su ateismo, al no creer en la
existencia de un ser providente y bueno, que pudiendo, no remedia tales
desgracias en las que se ven implicados centenares y hasta miles de
inocentes.
También los creyentes quedamos
desconcertados y faltos de palabras
para encajar y menos explicar, lógicamente, tales eventos a los demás. Nos
queda sólo el camino de la fe, a la que nos asimos con todas nuestras
fuerzas.
En medio de la oscuridad y de la
incomprensión del misterio, creemos firmemente, aunque no sabemos
compaginar del todo, los datos de la revelación divina.
Por ella proclamamos que el mal no procede ni lo quiere Dios. Lo permite
tan solo y de él saca bien -(escribe derecho con renglones torcidos)- para
sus criaturas.
Según la Biblia, el mal y la muerte
entraron en el mundo por el abuso de la libertad humana y desobediencia
-con su consiguiente rebelión- de la criatura frente a su Creador Sigue
siendo un inescrutable misterio
tratar de compaginar la amorosa providencia de Dios con el albedrío humano
y su responsabilidad cósmica.
Dios es Amor infinito que quiere el bien de todos y el
hombre un ser plenamente libre para optar a favor o en contra de su
Creador. He aquí los dos polos a unir y a los que ningún teólogo nunca
podrá dar una respuesta rotunda y satisfactoria.
Por otra parte, el pecado de
origen -es otro dato de la
revelación divina- rompió el equilibrio primigenio de la creación, con sus
leyes fijas, que escapan al control y dominio del ser humano y que éste
irá descubriendo y domeñando paulatinamente en medio de su pequeñez e
insignificancia.
Otro dato fijo de la revelación, es que
el hombre -todos los hombres- tras su pecado de origen y pecados
personales, han de convertirse
(volverse a Dios) y esto sólo lo lograrán con la aceptación del Hijo
unigénito del Padre, Jesucristo, único mediador entre Dios y los hombres.
La corriente inmensa e imparable de
solidaridad mundial que el
maremoto ha despertado en el corazón de millones de hombres de todo el
mundo, es un dato que pasará oculto a los ojos de los hombres y que sólo
Dios es capaz de saber y valorar. Tal vez para ellos será el comienzo de
su conversión y salvación.
Por muchas vueltas que queramos dar, con
las inteligencias más preclaras que nos han precedido en el camino de la
vida, para desentrañar el misterio del mal
en el mundo y encontrar
una respuesta a este angustioso problema, no la encontraremos y tarde o
temprano desembocaremos bien en la fe o abandono en Dios o bien en la
increencia o ateísmo, con la consiguiente negación de Dios.
En este problema, como en tantos otros que se nos
presentan en la vida, hay que tomar conciencia de la inanidad de la
inteligencia humana comparada con la infinita sabiduría divina. Nadie
pretenda entender a Dios, sino creer a Dios y creer en Dios.
Termino esta breve disertación, al
alcance de cualquier lector, con una sencilla comparación
que podrá ser clarificadora para muchos
que me hayan seguido.
Si miramos un tapiz por detrás
o revés del mismo, no alcanzaremos a ver nada más que una infinidad de
hilos de todos los colores que de arriba abajo, de derecha a izquierda, de
un lado a otro, se cruzan y entrecruzan y que nadie es capaz de saber ni
entender por qué o para qué están puestos ahí...; pero si damos
la vuelta al tapiz o lo miramos por
delante, descubrimos que todo tiene sentido, lugar y claridad, dando lugar
a hermosas figuras o paisajes totalmente desconocidas y ocultas antes a
nuestros ojos.
Amigos míos, ahora, en el actual orden de cosas o
eventos que estamos viviendo, es casi imposible el descubrir el sentido de
la realidad. Un día, al dar la vuelta al tapiz de nuestra vida, tras la
muerte, descubriremos el sentido de todos los hilos que han sido dirigidos
por la mano e inteligencia amorosas de Dios, para completar entre luces y
sombras, el maravilloso tapiz de la vida de cada uno de los humanos.
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