5. Mal precedente
Miguel Rivilla San Martín
No plantar cara a los que abiertamente se saltan a la
torera la Constitución y las reglas del juego democrático es no sólo un
mal precedente, sino un pésimo consecuente.
El ciudadano de a pie, ajeno a los entresijos de la
clase política, se debate entre la duda y el desconcierto, al ver la
actuación del Gobierno en lo referente al país vasco.
Por una parte, se le dice por activa y por pasiva, que
España en un Estado de derecho, que todos los ciudadanos son iguales ante
la ley, que por encima de ella no hay nadie, que la vigente Constitución
obliga a todos y que se deben respetar las reglas del juego democrático.
Muy bien. Todo parece lógico y coherente. Lo malo es lo que se ve luego.
El mismo ciudadano percibe, no sin asombro y
perplejidad, cómo todo lo anterior es letra muerta, para quienes, al
parecer, tienen patente de corso y hacen tabla rasa de su cumplimiento.
Sin más, ¿por qué el señor Zapatero, en vez de tanto
pacto, talante, chalaneo con unos y otros, no explica al pueblo español
con claridad cómo, por ejemplo, Atucha y Otegui, incumplen la ley y las
reglas del juego impunemente? ¿Por qué el señor Ibarreche, y Robireche,
amenazan a los que no se pliegan a su plan secesionista?
No plantar cara a los que abiertamente se saltan a la
torera la Constitución y las reglas del juego democrático es no sólo un
mal precedente, sino un pésimo consecuente.
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