7. Fe y cultura 1
Alejo Fernández Pérez
La fe cristiana ha creado una cultura inmensa. Miremos
a donde miremos veremos un mundo lleno de cruces, catedrales, música ,
pintura, escultura, ornamentos, arquitectura, poesía, literatura,… entre
las más excelsas de todos los tiempos.
Costumbres como romerías, procesiones, belenes, danzas
y cantos alegran la existencia de medio mundo. Sobre todo, el cristianismo
ha dado lugar a un estilo de vida que llena de esperanza, de paz y alegría
al alma de los hombres. La pasión de Dios queda colmada con Cristo hasta
el punto de que miles de hombres y mujeres le dedican su vida entera, una
vida incomprensible por su elevación para espíritus mezquinos.
Cristo nunca deja indiferentes a los hombres, o se le
ama o se le odia. ¿ Y por qué se le odia? Entre otras causas, se le odia
como se odia a todo lo excelso. Lo excelso, la bondad, lo honesto, la
inteligencia es como un dedo acusador que señala al que carece de esas
cualidades, y pocos soportan fácilmente la acusación de inferioridad. Como
no pueden competir con los mejores se dedican a denigrarlos ,
perseguirlos, hundirlos, humillarlos y, si es preciso hasta crucificarlos.
Cualquier cosa antes que soportar a esas personas que por algún motivo
sobresalen. Lo mejor engendra envidia, la envidia rencor, el rencor odio y
el odio muerte. ¿No es esto lo que le sucede a los nuevos gobernantes
cuando los anteriores fueron mucho mejores? , ¿a medio mundo con USA? ¿a
cientos de religiones y sectas con el catolicismo? ¿A muchos con los jefes
o compañeros que suben?…
De pronto, ciertas minorías sectarias estiman llegado
el momento de volver a matar a Cristo. Entonces, los de siempre, empiezan
suplantando los belenes por Hallowen, la música sacra por la música
ratonera, la Navidad por una juerga, las procesiones por charangas; el
matrimonio por el amor libre, o por la unión entre homosexuales; las
catedrales por salas de conciertos y la cultura europea por la cultureta
de los titiriteros subvencionados. Como siempre, perderán el tiempo pues,
por una parte, la Iglesia católica es eterna; y por otra, España saldrá,
aunque sea milagrosamente, de esta hecatombe como salió de otras muchas.
Desgraciadamente, mientras pasa la tormenta, habrá que pagar un alto
tributo a tanta necedad.
La Iglesia católica es demasiado Iglesia para ser
soportada con facilidad. Desde los tiempos de Cristo empezó a ser
combatida. El mismo Cristo fue clavado en una cruz por aquellos que veían
en Él una terrible competencia. Cada siglo los nuevos fariseos con mil
nombres diferentes creen dar muerte al catolicismo y a Cristo; pero Cristo
sigue vivo. ¡ Está vivo¡ y por eso se le ama o se le odia. No se odia a
los muertos por muy grandes que hayan sido. Nadie se preocupa por odiar o
amar a Alejandro Magno, a Napoleón, a Carlos I, Stalin, Churchill, o a los
grandes artistas o deportistas. Nadie muere hoy por ellos. Por Cristo sí.
La ideología comunista rusa, la más siniestra y
sangrienta de todas las ideologías, pretendió esclavizar al mundo y acabar
con la cultura y civilización cristiana. Tras 75 años de terror y muerte
Cristo acabó con ella, como acabó con la Revolución Francesa o con el
Imperio Romano. Nuevas ideologías, sectas difusas como la Nueva Era o el
Nuevo Orden Mundial, con métodos más sibilinos están sustituyendo a las
anteriores. Constituyen el sustrato, la base, las ideas de que se están
nutriendo los políticos actuales, que raramente pasan, en nuestra
generación, de intelectuales de tercer o cuarto orden.
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